El vice primer ministro de Japón, Taro Aso, de 78 años, negó que los ancianos fueran la causa del descenso de la población y el aumento de los costos de seguridad social. “Hay muchas personas extrañas que dicen que los ancianos tienen la culpa, pero eso está equivocado. El problema es de quienes no han dado a luz” declaró.   Japón es un país “superenvejecido”, lo que significa que más del 20% de su población es mayor de 65 años. El país ha estado en constante declive demográfico desde la década de 1970. En 2017, nacieron menos de 950.000 bebés, mientras que el número de muertesaumentó a 1,3 millones, un máximo en la posguerra, según el Ministerio de Salud y Trabajo. 

Desde la década de 1990, Japón ha introducido políticas para aumentar su índice de natalidad, como implementar servicios de cuidado infantil y mejorar la vivienda y las instalaciones públicas para familias con niños pero cuestiones estructurales todavía impiden que hombres y mujeres que trabajan equilibren sus carreras con la vida familiar, por lo que el  gobierno debería hacer más para ayudar a los hogares a equilibrar las responsabilidades laborales y familiares en lugar de condenar a las mujeres. 

En las últimas tres décadas, el porcentaje de mujeres japonesas de entre 30 y 34 años que regresan a la fuerza laboral después de convertirse en madres ha aumentado del 50% al 75%, pero muchas de las que vuelven al trabajo tienen que aceptar salarios más bajos o se quedan estancadas en el escalafón profesional, según un informe publicado en 2017 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Japón ocupa el puesto 110 de 149 países en el último índice de brecha de género global.