Vivimos en un mundo donde no se le cree a las mujeres a menos que estas digan que sueñan con casarse y tener hijos. Si eres mujer y dices que no quieres tener hijos te responden que no te preocupes, que pronto cambiaras de opinión. Si eres mujer y dices que quieres dedicarte a tu carrera te responden que es porque no te has enamorado. Si eres mujer y dices que alguien abusó de ti, te preguntan qué tenías puesto, cuánto bebiste, con quien estabas y finalmente te echan la culpa, porque desde el cuento de Adan, Eva y la manzana, las mujeres tienen siempre la culpa de todo.

Vivimos en un mundo donde la patología es echarle la culpa a las mujeres en vez de admitir que vivimos en una sociedad donde se le enseña a los hombres a tratar nuestros cuerpos como algo desechable. A veces pareciera que un iPhone valiera más que un coño, lo viví con mi ex novio, ese que mantenía su teléfono en perfecto estado pero no tenía problemas en dejarme morados en el cuerpo, lo veo con las policía cuando toman más en serio el delito de robo que el de violación, y lo veo en la sociedad que hace que las mujeres se avergüencen por ser víctimas de un delito que no provocaron, mientras los hombres muestran su virilidad.

Pero también vivimos en un mundo que intimida a los hombres, ese del que queremos ser iguales, ese donde sabemos que no es nuestra culpa, ese donde exigimos justicia ante los acontecimientos que nos afectan, porque les da miedo vernos libres, les da miedo que no soñemos con casarnos con ellos y lavarles los interiores, les da miedo que queramos ganar lo mismo que ello y que nos ofrezcamos a pagar la cuenta, les da miedo tener sexo con nosotras cuando queremos mostrarle donde queda nuestro clítoris y exigimos un orgasmo, y les da miedo que logremos más que ellos, así que usan sus armas para tratar de doblegarnos, dejando libres a violadores, vendiéndole armas a perpetuadores de violencia de género, llamándonos locas, psicopatas y feminazis, generalizando que todas las mujeres son unas zorras y al mismo tiempo defendiéndose gritando “no todos los hombres”.

Y la verdad es que me cansé, me cansé de tenerle miedo a mi ahora ex novio que me usaba como saco de boxeo para probar su virilidad, me cansé de contar los tragos que llevo para no volver a despertar con un hombre encima usando mi cuerpo para eyacular, me cansé de tenerles miedo, me cansé de ser menos para no intimidarles, me cansé de ocultar mi cuerpo para no provocar. Por eso, a pesar de todos los acontecimientos de los últimos meses, estoy segura que vamos a seguir abriéndonos camino y que el feminismo va a triunfar porque ya muchas estamos despiertas y cansadas de vivir en un mundo donde un teléfono vale más que un coño.