Estoy escribiendo esto justo cuando cumplo tres meses de tomar antidepresivos. A veces me siento como una impostora porque si ven mis redes sociales en ningún momento pensarían que tenía problemas mentales pero así pasa con estas enfermedades, a menos que sepas qué estás buscando simplemente no se notan. Sobre todo porque en Septiembre hice un viaje a Escandinavia sola. Mi vida por fuera se veía maravillosa.

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Enamorada de Copenhagen 💛

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Cuando llegue del viaje pesaba 53 kilos. A partir de allí comencé a rebajar un kilo por semana porque para tratar de controlar la ansiedad pasaba dos horas diarias en el gimnasio, mientras que los ataques de pánico me quitaban las ganas de comer. Mi rutina de lunes a viernes era ir al trabajo, ponerme a llorar a las nueve de la mañana en el baño, ir al gimnasio al mediodía, salir del trabajo a las cuatro y pasarme al gimnasio otra hora más en la tarde. Los fines de semana pasaba el día acostada durmiendo. Nada me daba felicidad, las cosas que antes me llenaban de alegría como Mulier o salir con mis amigos se volvieron una obligación, algo que mantenía para permanecer por afuera normal. Comencé a tomarme más fotos que de costumbre porque pensaba que así nadie notaría nada. Estaba envuelta en un ciclo de necesitar ayuda pero no pedirla por miedo a ser vulnerable.

Finalmente tomé el consejo de mi mejor amiga y empecé a ver un psicólogo. Allí empecé a hablar de todo, de mi trabajo del que estaban a punto de despedirme, de mi ex novio abusivo, de perder el control de todo, del miedo de comenzar de nuevo, de querer salir a la calle y que me atropellara un bus para no lidiar más nunca con nada, para no sentir que era un fracaso. En la segunda sesión el psicólogo me recomendó ir al médico y que me recetaran algo para lidiar con la ansiedad.

El 30 de Octubre llegué a la consulta y lloré aproximadamente una hora con la doctora, salí con la prescripción de citalopram. Cuando me pesaron la balanza marcó 48 kilos. Me sentía como un fracaso. Toda mi vida había escuchado que era valiente, toda mi vida había escuchado que inspiraba a la gente y allí estaba yo, buscando medicamentos para poder sobrevivir. El primero de Noviembre mi ex novio se mudó a otro apartamento. Tres semanas después me despidieron del trabajo, mi puesto no sobrevivió la reestructuración de la empresa pero mi despido no era inmediato, mi fecha de salida es 6 de Julio 2018, 7 meses después.

Dos semanas después en una consulta para verificar como estaba con los medicamentos la doctora me volvió a sugerir tomarme días libres en el trabajo. Esa vez no lo pensé dos veces y le dije que sí. Salí de la consulta con una nota de inhabilitación y una dosis más alta de medicamento, ya no eran 20mg sino 30mg. A partir de allí comencé a ver la luz al final del túnel. Yo, que estaba acostumbrada a ocuparme de mil cosas para no pensar, aprendí que a veces lo mejor que uno puede hacer por uno mismo es nada. No pensar en nada, no hacer nada. Dormí, fui al gimnasio por gusto y no por estrés, vi a mis amigos, acepté ayuda, comencé a sentirme contenta con las cosas simples como ver los atardeceres desde mi balcón y jugar con mi gato.

En Diciembre pasé navidades con mi prima y su familia en Houston. Fueron diez días maravillosos, cuando estas afuera de tu país aprendes a vivir sin necesitar a nadie, pero somos humanos y necesitamos gente. Necesitamos calor humano, ese que justo me dieron.

Hoy es tres Febrero. Estoy en un nuevo apartamento viviendo con mi hermano. Dormí en una cama nueva que puedo decir que es mía, sigo en el mismo trabajo con fecha de expiración 6 de Julio pero estoy tranquila. Estoy pesando 44 kilos y sigo tomando citalopram. Hay un estigma muy grande con los problemas mentales, si te rompes una pierna nadie te critica si tomas un calmante, pero si estas ansioso o deprimido la gente espera que te “arregles” tu solo, así les digas que no puedes. Cuando comencé a hablar acerca de lo que padecía y lo que estaba tomando muchas personas me daban “técnicas” para controlar mi estado de ánimo y “volverme” positiva. Necesitamos dejar de juzgar y estigmatizar estos problemas porque una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida.

Tenemos que tomar en serio a las personas cuando nos hablan de depresión o ansiedad porque no son trastornos que se curan tomando vitaminas y yendo al gimnasio. Si estas en una situación donde necesitas ayuda habla, búscala y recuerda que quien quiera que seas eres una persona valiosa y tu presencia le da luz al mundo. Afortunadamente yo tuve ayuda. Gracias a la gente que me salvó, especialmente a mi mejor amiga, Estefanía.