The Hunting Ground (2015) es un documental disponible en Netflix, escrito y dirigido por Kirby Dick y producido por Amy Zierin, que trata sobre los asaltos sexuales en los campus universitarios de los Estados Unidos y el fracaso de las administraciones de las universidades para hacer frente a este problema de manera adecuada. Las estadísticas actuales indican que más del 16% de las estudiantes estadounidenses van a sufrir algún tipo de violencia sexual durante su tiempo en la universidad.

La película sigue a estudiantes de pregrado que fueron víctimas de violación, en su búsqueda de una educación y justicia, a pesar del acoso permanente y el efecto devastador que tuvo este suceso en las víctimas y sus familias.

La mayoría de las universidades no tienen establecido cómo se reportan estos incidentes y cuando por fin se logra hacerlo, la víctima es obligada a responder si estaba bajo la influencia del alcohol, qué ropa llevaba, e incluso si fue clara cuando dijo “no”. A pesar de este interrogatorio en la mayoría de los casos no se consigue ningún tipo de respuesta por parte de las autoridades universitarias, y por tanto muchas veces la víctima tiene que estudiar en el mismo salón de clases que el agresor.

Las universidades, por tanto, se preocupan más por su reputación que por las víctimas que confiaron en esas casas de estudios, lo que trae como consecuencia que los agresores repitan el acto hasta más de 6 veces. Menos del 8% de los estudiantes universitarios cometen más del 90% de las agresiones sexuales.

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Mientras los castigos para los perpetradores del crimen, dependiendo de la universidad, pueden ser suspendidos un semestre, pagar $25 de multa o realizar 50 horas de servicio comunitario; las víctimas sufren de depresión, ataques de pánico y pensamientos suicidas.

El documental también abarca una verdad incómoda, los hombres también sufren de agresiones sexuales, y como vivimos bajo una sociedad en la cual los hombres “deben saber defenderse” son menos propensos a hablar y reportarlo.

Asimismo, la película muestra el caso de Andrea Pino y Annie Clark, sobrevivientes de violación, que están tomando el asunto en sus propias manos empleando ingeniosamente Título IX de las Enmiendas de Educación de 1972, el cual prohíbe la discriminación sexual, incluyendo la violencia sexual, en los programas y actividades de educación. Todas las escuelas públicas y privadas, distritos escolares, colegios y universidades que reciben fondos federales deben cumplir con el Título IX. Pinto y Clark han compartido su conocimiento creando una red cada vez mayor entre las víctimas que no van a quedarse calladas.

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Andrea Pino y Annie Clark

Las mujeres no pueden ser juzgadas cuando son víctimas de asalto sexual por la ropa que tenían, cuánto bebieron o por si fueron claras al decir que NO, y por ello, las universidades tienen que empezar a preocuparse más por lo que pasa dentro de sus instalaciones que por su reputación.