La semana pasada se celebró la cumbre antipederastia en presencia del Papa y de los 114 presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo y de los altos cargos de la Curia vaticana, donde cardenal de Chicago y presidente del comité organizador de la cumbre, Blase Cupich, afirmó que “los mecanismos para denunciar abusos cometidos por un obispo o la negligencia en tramitarlos deben ser bien conocidos por los fieles”, proponiendo crear mecanismos de denuncia independientes, como una línea telefónica dedicada y/o una página web para transmitir las denuncias directamente al nuncio apostólico, al arzobispo metropolitano correspondiente, o a los expertos laicos encargados por las conferencias episcopales. 

Cupich insistió a los 190 participantes en que se debe prestar la atención debida a incluir mujeres y hombres laicos con experiencia (investigativa, psicológica y jurídica) en todo el proceso, desde el principio hasta el final, y en que «si una denuncia resulta verosímil, el arzobispo metropolitano debería poder recomendar a la competente Congregación vaticana las medidas de precaución, incluida la suspensión pública de funciones del acusado.

Como todo organismo investigador es costoso, Cupich propuso el establecimiento de un fondo común a nivel nacional, regional o provincial para cubrir los costes de las investigaciones a obispos.

Pero fue la primera intervención de una mujer, a cargo de la vicesecretaria de Laicos del Vaticano, Linda Ghisoni, la que provocó un comentario del Papa. “Invitar a hablar a una mujer no es entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, porque a fin de cuentas todo feminismo termina siendo un machismo con faldas”, aseguró al tiempo que opinó que dar más funciones a la mujer en la Iglesia “no resolvería el problema de los abusos sexuales”.

Teniendo en cuenta que entre el 75 y 90% de los pederastas son hombres y que todavía no se ha hablado acerca de cómo enfrentar los casos de abuso sexual contra las monjas, que no hablan por miedo a ser excomulgadas, no sabemos muy bien qué está pensando el Papa.