El papa emérito, Benedicto XVI, publicó un ensayo titulado ‘La Iglesia y los abusos sexuales’ en el que analiza las razones que derivaron en los abusos cometidos por miembros de la Iglesia católica,  donde afirma que fue causado en parte por la revolución sexual de los años sesenta y la liberalización de la enseñanza moral de la iglesia.

En el análisis de 11 páginas publicado el 11 de abril en una revista alemana para sacerdotes, Klerusblatt, el papa emérito escribió: «en los veinte años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente», por lo que «surgió una nueva normalidad» en la que se produjo una «introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad». Una de las consecuencias de esta situación fue que «las películas pornográficas y con contenido sexual se convirtieran entonces en algo común».

«Entre las libertades por las que la Revolución de 1968 peleó estaba la libertad sexual total,una que ya no tuviera normas», continúo Benedicto XVI, agregando: «Parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofiliatambién se diagnosticó como permitida y apropiada». Benedicto también afirmó que los cambios en los estándares morales tradicionales sobre la sexualidad, tanto en la sociedad como en la Iglesia católica, sentaron las bases de la crisis del abuso sexual.“¿Por qué la pedofilia alcanzó tales proporciones?”, escribe. “En última instancia, la razón es la ausencia de Dios”.

El documento también reveló algunas de las luchas tras bastidores entre el Vaticano y los obispos de Estados Unidospara manejar la crisis. El papa retirado admitió que el Vaticano inicialmente se abrumó frente al tema y asegurando que «había un problema fundamental en la percepción de la ley penal», ya que «el llamado garantismo»era considerado como «conciliar». Por ello, se debía «garantizar, por encima de todo, los derechos del acusado hasta el punto en que se excluyera del todo cualquier tipo de condena». Por lo cual, el «derecho a la defensa usando el garantismo se extendió a tal punto que las condenas eran casi imposibles».El papa emérito elogió a su sucesor, el papa Francisco, “por todo lo que hace para mostrarnos, una y otra vez, la luz de Dios, que no ha desaparecido, incluso hoy”.