Miss Representation (2011) es un documental escrito, dirigido y producido por Jennifer Siebel Newsom acerca de la contribución de los medios a la percepción del rol de las mujeres.

Tomando en cuenta que el adolescente estadounidense promedio tiene un consumo mediático de 10 horas y 45 minutos al día, no se puede menospreciar la influencia de los medios de comunicación como formadores sociales.

El documental muestra –a través de entrevistas y extractos de programas de televisión y películas– cómo se cosifica a las mujeres en los medios, valorando a las mujeres por su apariencia física. En una de las entrevistas se ve a Magaret Cho hablando de la presión que sentía para verse más delgada en su programa de televisión, el cual terminó siendo cancelado y remplazado por un programa de Drew Carey, que no es precisamente el hombre más agraciado del mundo. ¿Por qué será que cuando un hombre en los medios es “normal” es sencillamente un hombre, y cuando una mujer en los medios es “normal” usualmente es la amiga gordita que no tiene con quién salir los fines de semana?

Margaret Cho

Actualmente, una mujer promedio gasta más en productos de belleza que en educación, es decir, nos estamos empoderando de forma equivocada. Tanto, que cuando pensamos en mujeres poderosas asociamos el término más con Madonna que con Ángela Merkel debido a que los medios suelen vender una versión de empoderamiento que está cosificada para el hombre.

Asimismo, tendemos a pensar que nuestra voz no importa y que somos incapaces de lograr un cambio. Por ejemplo, el 51% de la población estadounidense son mujeres, pero están representadas por un 17% en el Congreso.

Una de las citas más representativas del documental es de una estudiante de bachillerato explicando que las mujeres sólo protagonizan una película cuando se trata de un drama acerca de conseguir el amor y no acerca de conseguir tu destino, como se puede ver –por ejemplo– a los hombres en Star Trek, y que lo peor de esta situación es que no la cuestionamos.

También, se muestra que el 80% de las 6 millones de mujeres que trabajaron en fábricas durante la Segunda Guerra Mundial querían mantenerse en sus labores cuando esta terminó, pero fueron despedidas para dar trabajos a los soldados, trayendo como consecuencia una campaña para volver a domesticar a las mujeres, y retomándose el concepto de que son los hombres los proveedores de la familia.

El documental cierra con ideas sobre cómo podemos revertir esta situación, buscando modelos que inspiren, mentoring, dejando de criticar a las mujeres por cómo se ven, alzando las voz cuando se ven injusticias hacia las mujeres, y apoyando programas y películas que muestren historias acerca de las mujeres más allá de ser madres o buscar un esposo.

En lo particular, lo que más me impactó del documental fue darme cuenta que yo también valoro a las mujeres por cómo se ven, juzgo a mis amigas por la ropa que usan y lo que pesan, más que por lo que dicen o logran. Podría utilizar la excusa de que a los hombres también los juzgo igual –lo que es cierto– pero una cosa no disminuye la culpa de la otra. Creo a que a veces las mujeres somos nuestras peores enemigas, guardamos rencores y criticamos sin saber.

Quizás a los hombres les sea más fácil porque están acostumbrados a ver a varios como ellos en posiciones de poder, mientras que nosotras solo vemos a unas pocas, así que todo termina siendo una competencia.