Una de las científicas más importantes de la historia también tuvo varios nombres. Si solo hablamos de sus logros científicos va a sonarte familiar Marie Curie, pero si nos preocupamos –que deberíamos– por estudiar qué hace que una niña que crece en un país herido por intentos de ser arrasado, pueda convertirse en una mujer extraordinaria, tienes que saber más sobre Manya Sklodowska. Y si quieres conocer a una mujer que logra lo que se propone y que alcanza la grandeza permítenos presentarte a Marie Sklodowska Curie (1867- 1934).

Se han entregado 573 premios nobel desde 1901 hasta el 2015, estos fueron recibidos por 874 individuos y 26 organizaciones. Solo 49 premios fueron concedidos a mujeres. De esos 49 premios nobel, 2 fueron para Marie y 1 para su hija Irene.

Manya

La pequeña Manya –como le decía su mamá– nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, era la menor de 5 hermanos. Sus padres eran educados: su madre, directora de un prestigioso colegio para señoritas y profesora de música, y su padre, profesor de matemática y física. Ambos venían de familias con buenos nombres pero sin fortuna.

Manya creció en una Polonia dominada por Rusia, arrasada y dividida después de fracasar en su intento de restablecerse como nación independiente. Sufrieron la dominación cultural en un intento de los zares rusos de borrar los vestigios del patriotismo polaco.

El señor Sklodowski era un patriota y esto tuvo consecuencias importantes en la estabilidad económica de su familia, pues la sospecha de su fidelidad a la causa polaca hizo que perdiera su cargo y finalmente tuvo que cambiar de trabajo, lo que implicó mudanzas y pobreza para sus hijos.

Uno de los grandes cambios fue vivir en una especie de residencia, donde el papá de Manya daba clases a niños y donde no había cuarto para las niñas, que dormían en la sala y debían despertarse más temprano para que pudiera tomarse el desayuno. Entre los residentes, también llegó el tifus que infectó a dos hermanas de Manya, matando a la mayor de las Sklodowska (1876), y la tuberculosis que enfermó a la mamá de Manya, por lo que a partir de los 4 años esta no tendría casi ningún contacto físico con la pequeña para evitar contagiarla. Ello significaría mayor depresión económica para la familia que debía costear ahora tratamientos y viajes para tratar de mejorar la salud de la madre. Cuando Manya tenía 11 años, la salud de la señora Sklodowska se deterioró, y también, la fe de su hija menor que pedía a Dios la cura de su mamá. Manya sintió que Dios no le cumplió cuando su mamá murió (1878).

Manya era la mejor de su clase. Desde pequeña fue una niña especialmente inteligente. Esto le impuso la lamentable tarea de ser la alumna que era interrogada por el oficial ruso, para verificar que se estuviera cumpliendo el plan de estudio impuesto por el Zar. Como niña tuvo que participar en una mentira orquestada por sus maestros para poder educarla de verdad y en su idioma, cuando el plan educativo de Rusia para las hembras era la costura, aprender los títulos de los zares y a rezar en ruso. La presión de ser la que debía engañar al oficial ruso a riesgo de que se descubriera la mentira debió ser muy fuerte.

Manya sufre con la pérdida de su hermana y su mamá. En ese tiempo, mejoran un poco las condiciones económicas pero decae el ánimo de su papá en duelo por su esposa. Manya ya adolescente, se mantiene primera de su clase, ayuda en el hogar y con los niños de la residencia, tiene una gran amiga y una directora en el liceo que la trata bastante mal. Para cuando termina el liceo, con honores, sufre una depresión nerviosa y su papá la envía un año a descansar con familiares que viven en el campo.

Al regresar Manya, bajo la influencia de su papá, que con los patriotas eran de la idea que la ciencia les permitiría salvar a Polonia, ve florecer su interés por las ciencias, pero las mujeres no podían ir a la universidad y la situación económica de la familia había empeorado. Bronia, la hermana mayor quería ser médico pero solo podía lograrlo estudiando en el exterior. París era la posibilidad de superarse. Ambas hicieron un acuerdo, Bronia se iría a París y Manya trabajaría por dos años para ayudar a costearle sus estudios, y después Bronia la apoyaría a ella. Durante estos años, Manya asiste a una Universidad clandestina en Varsovia que impartía clases de forma secreta a todos aquellos que quisieran educarse.

En 1886 Manya toma un trabajo de institutriz en el campo porque tendría mayor remuneración y necesitaba un buen ingreso para ayudar a costear la educación de su hermana. Los Zorawski la tratan bien y le permiten formar una pequeña escuela para enseñar a leer a los hijos de los campesinos de la hacienda y le queda tiempo para dedicarle a su propia preparación en matemáticas y física de forma autodidacta. Todo va bien, pero entonces conoce a Casimir, el hijo mayor de los Zorawski que estudia matemáticas en la universidad de Cracovia y regresa en vacaciones a visitar a la familia.

Casimir y Manya se enamoran y deciden casarse, pero los Zorawski se oponen por la pobreza de Manya y él acepta la decisión y regresa a la universidad. Ella debe continuar trabajando como institutriz para la gente que la despreció hasta 1889.  El mal de amor afecta mucho a Manya. Cuando Bronia le dice que ya puede ayudarla y que es su turno de ir a París a estudiar, se encuentra tan desmoralizada que no se anima y dice que debe quedarse a cuidar a su padre. Se cree que para este momento todavía hablaba con Casimir, pero algo pasó que debió cansar a Manya de esperar por un hombre que no se decidía por ella. Así que en 1890 se va a París.

Casimir llegó a ser rector de la Universidad de Cracovia que tenía una plaza con un busto de Marie, donde decían el profesor Zorawski se sentaba a veces, quizás sintiéndose muy arrepentido.

Cuando Manya llega a París se hospeda donde su nuevo cuñado, un hombre amable pero con mucha vida social. Esta situación interrumpía las intenciones de Manya de dedicarse a su preparación para la Universidad, en especial con respecto a algo que sabía era una debilidad, el idioma- Por ello prefiere rechazar las comodidades que le fueron ofrecidas y mudarse a una buhardilla sin calefacción en el barrio latino pero donde podía dedicarse a estudiar sin distracciones.

Finalmente, el 5 de noviembre de 1891, a los 24 años, Manya se inscribe en la Sorbona, donde la llamaran “la polaca” o “la extranjera de nombre impronunciable”, por lo que empieza a presentarse como Marie.

MARIE CURIE

Marie Curie

Para 1893, Marie ya se había graduado de física en primer lugar en la Sorbona, y estaba estudiando con la ayuda de una modesta beca su licenciatura en matemáticas de la que se graduaría en segundo lugar en 1894. Ese mismo año un profesor polaco le presentaría a Pierre Curie (1859-1906)., Este joven físico queda prendado de Marie, después de pensar que las mujeres y la dedicación a la ciencia eran de alguna forma incompatibles –recordamos a Tim Hunt–,consigue una mujer brillante con la que siente afinidad en los temas científicos y de la vida. En ese momento, Marie está recién graduada y decide regresar a su país a visitar a su padre y dar clases en la Universidad de Cracovia (donde trabaja Casimir), pero allí la rechazan ya que no admiten mujeres. Entre tanto, un Pierre enamorado le escribe cartas, y considera incluso irse a Varsovia a dar clases de francés si Marie decide no volver a París, pero la convence con la idea de estudiar un doctorado.

Para ese momento solo había otra mujer con doctorado en física en el mundo. Elsa Neumann, en la Universidad de Berlín.

Marie regresa a París, y el 26 de julio de 1895 se casa con Pierre Curie. Le ofrecen regalarle un vestido de novia, y Marie pide que sea de un color oscuro para poder usarlo luego en el laboratorio y en sus tareas normales. Con el dinero que les regalan se compran bicicletas y se van de paseo por los pueblos de Francia como luna de miel.

Como esposa de Pierre, Marie logra algunas colaboraciones importantes para su trabajo. La dejan habilitar un espacio como laboratorio en el trabajo de él, y debido a sus limitaciones económicas realizan trabajos diversos solicitados por empresas que les permiten un modesto ingreso para sostener  su familia y sus investigaciones particulares. Marie, enfocada en su doctorado, se interesa en un descubrimiento de Becquerel (1896) sobre cómo las sales de uranio emitían radiación, y decide trabajar en este tema que todavía estaba inexplorado.

“Demostró que la radiación no era causada por una interacción entre las moléculas, no era una reacción química ordinaria y que emitía luz o calor; se emitía desde el propio átomo. La radiación era una propiedad atómica, proporcional a la cantidad de la sustancia radiactiva que se está midiendo.” Marie Curie. A biography, Marilyn Bailey Ogilvie (traducción de Patricio Barros).

En este laboratorio improvisado, Marie Curie diría que pasaron sus años más felices, pero también fue donde realizaron trabajos muy pesados y en condiciones tan deplorables que probablemente tuvieron el mayor impacto negativo en la salud de ambos científicos. También, descubrirían los elementos que les asegurarían su sitio en la historia, el polonio y el radio, pero sobre todo la propiedad de la radioactividad.

En cartas y diarios, Marie habla del descubrimiento en primera persona, lo que parece implicar que la originalidad de la idea provino de ella. En una carta a su hermana Bronia, también comenta como los colegas científicos a los que expusieron su teoría eran escépticos y creían que estaban cometiendo un error, por lo que Marie sabía que debía aislar el nuevo elemento para convencerlos. Pierre consideraba que era suficiente con las nuevas mediciones de radiación una vez descartado el uranio, sin pasar por los tediosos esfuerzos por confirmar lo que ya sabían. Pero Marie era consciente de que se necesitaba una evidencia física, y se dedicó al pesado trabajo de procesar toneladas de pechblenda para lograr aislar los nuevos elementos en la forma más pura posible.

Los frutos de este trabajo se verían recompensados en 1903, cuando recibieron un premio Nobel en física. De este premio compartido con Henri Becquerel, Marie casi queda por fuera, pero uno de los miembros del comité, el matemático Gösta Mittag-Leffler avisó a Pierre, quien escribió una carta al comité manifestando que si lo estaban considerando debían hacerlo junto a Marie. Los Curie no asistieron a la premiación, pero debes dar una charla por ganar un Nobel, solo la dio Pierre, pues Marie no podía hablar por ser mujer,  así que escuchó desde el público.

Marie se convirtió en la primera mujer en ganar un premio Nobel y sería la única mujer en ganar dos.

Para este momento los Curie ya eran una familia. Su primera hija Irene nació en 1897, y en 1904 la segunda, Eve. Entre el nacimiento de las niñas Marie tuvo un embarazo (1903) que terminó en una perdida en el quinto mes y le afectó mucho. Marie, tan fuerte y resuelta, atravesaría varios periodos de depresión profunda en su vida.

Cuando empezaron a tener una situación económica menos complicada, y sobre todo más apoyo a la investigación que desarrollaban aun en condiciones precarias, Pierre empezó a sufrir los efectos del radio en su cuerpo, sin saber qué causaba sus dolores y debilidad. A pesar de ello, continuaron con su trabajo. Para 1906 tuvieron unas breves vacaciones que Marie pidió por las niñas y para mejorar la salud de Pierre. Él regresaría antes al trabajo y tendría un accidente donde perdería la vida. El 19 de abril de 1906 Marie regresaría para enterarse de la muerte de su esposo, y aunque atraviesa un duelo devastador, trata de concentrarse en el trabajo sin mencionar a Pierre, lo que afecta mucho a sus hijas.

A Marie le preocupaba mucho la educación de sus hijas. Junto a otros científicos con hijos inició un proyecto de educación en casa que duró dos años, que no pudo continuar debido a sus ocupaciones. Marie, sabiendo que la educación de los varones era mejor en Francia, intentó inscribir a Irene en un colegio para jóvenes pero fue negada su petición y ampliamente reseñada por la prensa.

Marie sabía que una educación de calidad era fundamental, pero además su desarrollo en la ciencia en esos años fue en gran parte posible gracias a que contó con la ayuda de su suegro que vivió con ellas de forma permanente y con ayuda contratada para la casa. Eva Curie, en la biografía de su madre, reconocería que esta sufrió mucho con el duelo de su padre y que de por sí tenía un carácter retraído, pero a pesar de sus ocupaciones fue una madre preocupada que las amó profundamente. Esto viniendo de Eve que era la hija más distinta es revelador de la personalidad de Marie. Así, podemos imaginar la cercanía que disfrutó Irene con su mamá al dedicarse como ella a la ciencia y trabajar juntas en el laboratorio.

En los años posteriores a la muerte de Pierre, Marie se dedicaría a su trabajo con ahínco para honrarlo, pero también para probar su valor como científica ante aquellos que la consideraban solo una asistente y le atribuían los logros científicos a su esposo. Marie donó su radio al laboratorio, declinó la oferta de una pensión y asumió la cátedra que había dejado Pierre en La Sorbona.

Para 1910 publicó “Tratado sobre la radiactividad”. En ese entonces, todavía había críticos que dudaban del radio como nuevo elemento y de la radioactividad, así que Marie se propuso aislarlo en un nivel más puro que el cloruro de radio que había logrado hasta el momento. Finalmente, obtiene el radio metálico puro, y en 1911 preparó un patrón internacional del radio que depositó en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas para que tuviera carácter público. También se postuló para la Academia de las Ciencias de Francia, donde fue rechazada. Sin embargo, en ese momento se anunció que era merecedora de un segundo premio Nobel, esta vez de química por su trabajo sobre el radio.

Marie Slodowska Curie

Para 1911, Marie Slodowska Curie, con 44 años, era una mujer que había quedado viuda con dos hijas pequeñas, que continuó la crianza de su familia y su trabajo científico. Era, además, una mujer con confianza, que se sentía en posición de exigir sus aspiraciones: que Irene fuera a un mejor liceo, las condiciones en las que Andrew Carnegie financiaría su trabajo científico, las implicaciones técnicas de la unidad de medida del radio que se denominaría “Curie”, y su idoneidad por encima de todos los demás candidatos para formular una norma internacional sobre el manejo del radio. Marie exigía lo que consideraba le correspondía, así que le pasó lo que a toda mujer que defiende su lugar en un espacio dominado por hombres: se le considero una mujer “difícil”. Esta “fama” le traería detractores, y quedaría en evidencia en el trato que le dio la prensa cuando se postuló a la Academia de Ciencias de Francia, aunque esto no sería nada en comparaciónConferencia Solvay a la siguiente batalla que enfrentaría ante los medios.

Mientras Marie asistía a la primera Conferencia Solvay, congreso científico celebrado en Bruselas que trataba en esa primera oportunidad sobre la radiación, donde ella era la única mujer presente, en Francia inició el escándalo Paul Langevin.

Langevin fue discípulo de Pierre Curie, era 5 años menor que Marie y estaba casado, con un matrimonio tormentoso, con denuncia de agresiones de ambas partes. En medio de esa situación, Paul que era un renombrado científico, tenía un romance con Marie. Su esposa, fue a la prensa con la noticia, amenazando que haría públicas las cartas entre Marie y Paul. Así, se desencadenó un escándalo que lastimaría mucho no solo la imagen de Marie, sino a sus familiares y amigos, sería humillada por la prensa y catalogada como una extranjera rompehogares.

En este momento Marie estaba nominada al Nobel y negaría la relación públicamente, advirtiendo que demandaría por daños y perjuicios. El periodista se retractaría de la historia calmando la situación, y permitiendo que Marie fuera elegida como ganadora del Nobel. Pero de allí, al momento de recibirlo, la esposa de Langevin habría publicado las cartas. Marie sería perseguida con gritos e insultos, sus hijas tuvieron que quedarse con amigos ya que su casa fue atacada, y se le dijo que sería mejor no asistir a la ceremonia para recibir el Nobel. Ante esto, Marie Slodowska Curie, la mujer que sabía el valor de su trabajo se negó alegando que nada tenía que ver con sus logros científicos la situación en su vida privada, asistió a la premiación y dio la charla correspondiente. La prensa francesa casi no reseñó su logro.

Marie sería apoyada, entre otros científicos, por Einstein, pero después de la ceremonia del Nobel caería enferma por un problema en los riñones y una depresión por todo lo que había atravesado. Le tomó un año volver a su trabajo en el laboratorio.

Marie sería de gran apoyo para Francia durante el estallido de la primera guerra mundial (1914). Para este momento, disponía de un mejor laboratorio que había sido construido para sus investigaciones sobre el radio por la Sorbona y el instituto Pasteur. En él se estudiarían los usos médicos del radio, y para la llegada de la guerra Marie se aseguraría de proteger lo que era más preciado para ella, sus hijas y el radio del laboratorio. Durante la guerra, Marie se dedicaría a servir a Francia organizando los servicios de radiología de los hospitales militares, y después, los servicios móviles de ambulancias radiológicas, así como la capacitación de técnicos en radiología y la formación de una división de radiología en la escuela de enfermería. Esto le permitió a muchas francesas dar su apoyo en los difíciles tiempos de  la guerra. Finalmente estos esfuerzos se verían recopilados en un libro escrito por Marie llamado “La radiología y la guerra”.

Marie Sklodoska Curie fue de las primeras mujeres en Francia con licencia para conducir. La solicitó para manejar las ambulancias radiológicas.

Marie también participó activamente en los usos medicinales dados al radio para curar heridos de la guerra. Para administrar el radio disponible que era el mismo que había extraído con tanto trabajo cuando Pierre estaba vivo, empezó a dar uso al gas radón, una emanación del radio que le permitía acceder a sus beneficios sin gastar el gramo disponible. El tratamiento del radio que se creía beneficioso para la salud en ese entonces, se aplicó de forma generalizada y se esperaba el final de la guerra para desarrollar el trabajo científico que permitiera alcanzar la mayor esperanza que se tenía sobre el radio, que permitiera curar el cáncer.

Para 1920, Marie pudo regresar a sus investigaciones. El Instituto del Radio que se había esforzado en concretar en honor a Pierre estaba listo, pero no había dinero para financiar sus investigaciones. La esperanza de la cura del cáncer generaba interés en el trabajo del Instituto del Radio, así que Marie fue entrevistada por una periodista americana, Missy Meloney, quien al saber de su necesidad de radio emprendió una cruzada que terminaría en unaBillete Polonia campaña de donación en la que las mujeres americanas obsequiarían a Marie un gramo de radio para el instituto francés, y otra cantidad importante para el de Varsovia. Marie viajaría a EEUU donde sería recibida con grandes honores en sus dos viajes (1921 y 1929), formando una amistad con Meloney, una mujer que rompió esquemas al dedicarse al periodismo y ser editora de una revista importante. Otro ejemplo de que las grandes mujeres se unen y se ayudan.

El amor por Marie que Meloney despertó en América, y su trabajo durante la guerra ayudaron para que Francia reconociera sus aportes y las relaciones de la prensa con Marie sanaran.

En 1929 ya se tenían noticias de efectos negativos de la exposición al radio en la salud. Tres años más tarde, Marie visitó Polonia por última vez para la inauguración del Instituto de Radio de Varsovia. En Francia trabajó con otros científicos en el Comité Internacional de la Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones, y aunque los Curie se negaron a patentar sus descubrimientos para obtener beneficio económico, Marie abogó para que los gobiernos se encargaran de dar condiciones económicas a los científicos para realizar sus investigaciones que finalmente beneficiaban a toda la humanidad.

Marie vio a Irene casarse con uno de sus asistentes y tener hijos que también serían científicos al crecer. No obstante, en 1932 empezó a desmejorar su salud al punto de verse obligada a ir delegando sus responsabilidades en el Instituto del Radio y sus clases en la universidad. En sus momentos finales, Marie decidió comprar una propiedad cerca del mar, para nadar y pasar tiempo con sus nietos, pero también se aseguró de proteger a Irene y sus investigaciones, así como la disposición del Instituto y el radio. Después de un viaje por el sur de Francia con su hermana Bronia, Marie se sintió resfriada y esta condición persistió al punto de que sus médicos diagnosticaron una tuberculosis. Para tratarla se fue a un sanatorio, donde Eve la acompañó y la cuidó. El 4 de julio de 1934, Marie Slodowska Curie muere a los 66 años de una anemia severa producto de su prolongada exposición a su preciado descubrimiento, el radio. Sus restos reposan del 1995 en el Panteón de Francia, donde fue la primera mujer que recibió ese honor.

Durante su vida Marie Slodowska Curie resistió con fortaleza grandes retos para acceder a una educación de calidad, rompió paradigmas en la ciencia y sorteó con entereza los ataques que recibió cuando sus logros significaron un reto a lo establecido. Todo esto a la par de una vida familiar que dio como resultado dos hijas extraordinarias. Irene, dedicada a la ciencia, logró otro premio nobel para la familia Curie, formó hijos que también serían científicos valiosos y fue una mujer involucrada con la política de Francia y con el derecho de las mujeres a trabajar para poder asegurarse su independencia económica, una mujer transformadora que también murió joven por los efectos del radio. Por su lado, Eve, la que no se acercó al radio, no tuvo hijos pero sí una vida apasionante, fue pianista, escritora, corresponsal de guerra, dirigió un periódico, asesoró a la OTAN y fue condecorada con la Legión de Honor francesa por su trabajo durante la segunda guerra mundial. Vivió hasta los 102 años.

El esfuerzo de Marie allanó el camino para la contribución de las mujeres en la ciencia. Entre muchas científicas del Instituto del Radio, encontramos a la primera mujer que finalmente sí fue aceptada por la Academia de Ciencias de Francia en 1962, Marguerite Perey, quien descubrió el francio y trabajaba con Marie, quien en vida contrató en el Instituto del Radio a muchas científicas de diferentes nacionalidades, por lo que las contribuciones de Slodowska Curie no se limitaron a su vida, su inspiración persiste y sigue siendo necesaria para que más niñas y mujeres se interesen en las ciencias y puedan beneficiar al mundo con sus descubrimientos.