La Real Academia Española no ha definido el concepto de micromachismos pero podemos definirlo como una forma sutil de violencia de género que aunque podemos considerar como algo normal, ayuda a perpetuar y profundizar las desigualdades de género. Podemos conseguir micromachismos en todos lados: en la calle, en el trabajo, en la escuela, con nuestros amigos, nuestros familiares y hasta en nuestro propio hogar, y son actividades y pensamientos que pueden provenir tanto de hombres como mujeres.

Los micromachismos se comienzan a inculcar desde la infancia, desde el momento en que le regalamos a las niñas muñecas y a los niños carritos, para luego permitir que los niños jueguen en la arena y regañar a nuestras hijas por ensuciarse. A partir de allí el camino se vuelve cuesta arriba, principalmente para las mujeres, porque en los hogares machistas se vuelve una obligación para las niñas y jóvenes involucrarse en las tareas del hogar pero no así para los varones.

Es importante por eso cuestionar siempre nuestras actividades y pensamientos para reconocer aquellos que ayudan a perpetuar el patriarcado. Si piensas por ejemplo que las tareas del hogar son obligación exclusiva de las mujeres eso es un micromachismo.

Otros ejemplos de micromachismos son: Ser invitada al cumpleaños de un niño y lo primero que miras en una juguetería para elegir el regalo es la sección de carros y aviones eso es micromachismo. Preguntar qué tipo de ropa usaba una mujer cuando fue víctima de abuso o acoso sexual.

Otro muy común es preguntrarle a una mujer cuándo va a casarse y si está casada cuándo va a tener hijos. Pensar que en una pareja, el hombre tiene que ganar más dinero que la mujer o cuando se le insinúa a las mujeres que no deberían trabajar después de tener hijos.

También sucede cuando cuestionamos a las mujeres y si deberían o no tener varios compañeros sexuales a lo largo de su vida.

Qué puedes hacer si piensas alguna de estas cosas o si conoces a alguien que lo haga, primero retar de donde viene esa forma de pensar, quizás creciste con una madre que fue ama de casa, nunca viste a varones jugar con Barbies, debemos cuestionarnos qué consideramos normal y si viéndolo de cerca no lo es, ya con eso tienes media batalla ganada.

Después de retarlo tienes que empezar a reprogramar tu cerebro. Para esto es bueno leer, ver películas y hasta hablar con familiares y amigos de sus experiencias. Salir con una de tus amigas que está soltera y escuchar del fin de semana maravilloso que pasó hará que abras los ojos, y te des cuenta que ella como todas las mujeres, es una persona completa y no necesita a nadie para ser feliz. Leer y ver historias de mujeres que concilian su trabajo y el hogar, lo normalizará en tu mente. Lo importante es comenzar a retar estas creencias que consideramos la única forma posible de ser, considerar nuevas posibilidades para seguir avanzando en nuestro objetivo de lograr la igualdad de género y seguir luchando, incluso, contra lo que parece normal.