Mucho se habla de los íconos feministas, desde Beyoncé hasta Simone de Beauvoir, pasando por Frida Kahlo, cada quien pareciera seguir los pasos de alguna mujer, algún ícono que concuerda con su definición de feminismo.

Quizás si eres una mujer a la que no le importa mostrar su vello corporal, lo más probable es que admires a Frida, si eres una mujer que considera que el matrimonio es innecesario quizás admires a Gloria Steinem. Es precisamente por esto que siempre hay un nuevo conteo de iconos feministas.

Ahora bien, vale la pena preguntarse si para que una mujer sea un ícono feminista es necesario contar con reconocimiento explícito de la población, o podemos encontrar íconos en nuestra vida, mujeres de carne y hueso que hacen el mundo mejor aunque no sean necesariamente famosas.

Para muchas personas el reconocimiento  del trabajo de una mujer es necesario para poder llegar a más gente y fomentar el feminismo. Quizás sea por eso que vemos a las estrellas del mundo pop como íconos feministas tan a menudo, pero si bien es cierto que estas mujeres hacen que muchas adolescente se interesen por conocer acerca de lo necesaria que es la igualdad de género, también es cierto que si estas declaraciones no vienen acompañadas de acciones que las sustenten, no sólo estas celebridades hacen que la gente se preocupe menos por los derechos de las mujeres sino que también trivializan el concepto del feminismo, perdiendo la perspectiva de su importancia y volviéndolo una ideología meramente comercial.

Pero no podemos dejar a un lado el esfuerzo de muchas mujeres que trabajan y han trabajado durante mucho tiempo en ir modificando las cosas. Parece que el trabajo del feminismo “de base” es menos importante porque tiene menos repercusión mediática cuando en realidad el “activismo” anónimo ayuda a que las cosas realmente cambien. Es por esto que la feminista más importante de mi vida es mi tía abuela.

Ana Hilda nació en septiembre de 1932 pero su cédula de identidad dice otra fecha, en una movida adrede para poderse sacar la licencia de conducir antes de tiempo. Intrépida como pocas mujeres de su época, a corta edad ya tenía su propio negocio y trataba al resto de los comerciantes, todos hombres por supuesto, de tú a tú.

Cuando era pequeña, había a su alrededor un aura de “mujer difícil”, Ana Hilda nunca se casó y nunca tuvo hijos, pero mientras mis primas jugaban a ser mamás yo pensaba que quizás ese camino aunque solitario no debía ser tan malo. Recuerdo vívidamente mirar las fotos de sus múltiples viajes pensando que quizás, algún día, esa mujer viajando a Japón o Rusia podría ser yo.

Sin embargo, no fue hasta que llegué a los treinta que empecé admirar su legado, ella ha  sido una de las fuentes de sabiduría más importantes de mi vida, especialmente con temas como el matrimonio y la maternidad.  En un momento de incertidumbre acerca de mi futuro, en el cual muchos de los que me rodeaban se estaban casando y teniendo hijos, le pregunté por qué no se había casado. Ana Hilda me respondió honestamente que fue una cuestión de dinero y estatus, sus novios siempre eran empleados y ella era jefa, ella se mantenía sola y no necesitaba a nadie. Le pregunté si fue consiente su decisión de no tener hijos y me dijo que sí, que ella supo a lo que llegó a los cuarenta que ese no era el camino para ella, le pregunté si alguna vez se sintió sola y me respondió que no “yo tuve muchos sobrinos, di y recibí mucho amor”. La soledad, como todo en la vida, no es otra cosa que un estado mental.

Una vez me contó que uno de sus novios se atrevió a ir al banco a pedir copias de sus estados de cuenta, ese fue el fin de esa relación. Quizás ella fue víctima del tiempo, adelantada a la sociedad nunca encontró un hombre que estuviera a su par y no puedo evitar pensar que si lo hubiese hecho no seríamos cercanas porque ella tendría sus propios nietos, así que en este momento soy egoísta y agradezco que esa haya sido precisamente su historia.

La historia que me inspira todos los días a viajar, a conocer,  informarme, crecer y  ser mejor, por mí y por nadie más. Así a veces me vean como menos porque no tenga hijos, así a veces me toque explicar por qué me divorcie tan joven, así a veces no quiera ser yo, ella, con toda su grandeza, siempre será mi fortaleza.

En un mundo donde te siguen juzgando por tu estado civil y tu descendencia, Ana Hilda, nacida en 1932,  vivió rompiendo estereotipos y eso es ser un ícono feminista.

Ana Hilda Albornoz