Este mes en The Establishment encontramos un artículo sobre un estudio difundido recientemente  en el  Journal of the American Medical Association: Psychiatry sobre los efectos de los anticonceptivos y la depresión como efecto secundario, resulta interesante revisar estos resultados a la luz de la noticia que publicamos esta semana sobre la suspensión del estudio de un anticonceptivo masculino por causar los efectos secundarios que históricamente las mujeres hemos sufrido con la píldora.

La investigación llevada a cabo en Dinamarca por un lapso de 19 años monitoreo el historial médico de un millón de participantes mujeres entre los 15 y 34 años que no tenían un diagnostico anterior de depresión ni les habían sido recetados antidepresivos.

El resultado de la revisión de la data demostró una correlación entre el uso de varias formas de anticonceptivos hormonales como la píldora, parche, anillos vaginales y el dispositivo intrauterino (DIU) con un diagnostico posterior de depresión.

Los autores del estudio hallaron que tomar la píldora compuesta por estrógeno y progestina tenían un 23% más de probabilidad de recibir una prescripción de antidepresivos que aquellos que no usaban anticonceptivos, la probabilidad aumentaba a un 34% si la píldora usada era la compuesta solo por progestina.

Aunque la atención de los titulares de los medios se concentro en los efectos de la píldora por ser la de uso más generalizado, otros anticonceptivos de efecto prolongado presentan cifras aun más altas de incidencia en el diagnostico de depresión; con 40% en el caso de los DIU, 50% en el caso del parche y 60% para los anillos vaginales.

En el grupo compuesto por las adolescentes entre 15 y 19 años que tomaban pastillas del tipo combinado la probabilidad de sufrir de depresión aumentaba en un 80% siendo el grupo más en riesgo, ya que la probabilidad parece disminuir con la edad.

El coautor del estudio Øjvind Lidegaard informó al The Washington Post que este es el primer estudio en concluir la existencia de una relación entre los métodos anticonceptivos y la depresión, un efecto que no se advierte a las mujeres y que se minimiza como cambios de humor.

Parte de las reacciones de la comunidad científica al estudio fueron descalificarlo, alegando que en el periodo de edad estudiado y en especial en el caso de las adolescentes la depresión podía deberse a problemas sentimentales, esto generó una importante reacción de rechazo en las redes sociales donde muchas expresaron su molestia por la forma en la que se descalifican los padecimientos de las mujeres en especial los referidos a la salud mental.

En un artículo de opinión sobre el tema en The Guardian, se plantea que este estudio es importante y debe tomarse en serio ya que las mujeres presentan alrededor de 6 días  de pico de fertilidad por ciclo menstrual en cambio los hombres están al máximo de su fertilidad todo el tiempo, pero aun así la carga de evitar embarazos no deseados recae casi de forma desproporcionada en las mujeres, sin importar las consecuencias que tenga para nuestra salud, y eso no es más que sexismo.

Tomando en cuenta que las mujeres tienen el doble de posibilidad que los hombres de sufrir de depresión por la fluctuación de hormonas como la progesterona y estrógeno, por qué la comunidad médica esta tan dispuesta a atribuir los cambios de humor o estados depresivos que padecen las mujeres a la emotividad femenina y no a una medicación de consumo generalizado que contiene hormonas sintéticas que intervienen en el equilibrio natural de sus cuerpos y mentes.

Las cifras expuestas resultan alarmantes pero son sólo un estudio inicial que debe generar un análisis más profundo sobre los diferentes factores que pueden tener repercusión en la salud de las mujeres que usan anticonceptivos para así generar alternativas y soluciones a estos métodos de control de la fertilidad para que la decisión reproductiva de las mujeres que los usan no tenga un precio tan alto sobre su salud mental.