En Arabia Saudita las mujeres son tratadas como niñas, no pueden trabajar, practicar deporte, estudiar, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria, caminar por la calle o viajar sin el permiso de un tutor varón (Mahram). Si una mujer saudí contrae matrimonio con un hombre no saudí, sus hijos no obtienen la nacionalidad. En caso de divorcio, los hombres obtienen automáticamente la custodia  de las niñas de más de siete años y de los niños de más de nueve.

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El país, que ocupa el antepenúltimo puesto en el índice mundial de igualdad de género de las Naciones Unidas, ha realizado pequeñas reformas en los últimos años. En 2011 reconoció a la población femenina el derecho a votar y presentarse en los comicios municipales. Dos años más tarde, incluyó a 30 súbditas en la Shura, un consejo designado directamente por el Rey cuya función básica es estudiar las políticas gubernamentales y elevar propuestas de enmienda al Consejo de Ministros, y levantó la prohibición para que las saudíes pudieran pasear en motocicleta o bicicleta por zonas restringidas, siempre y cuando, vistieran Niqab (la prenda que oculta todo el cuerpo salvo los ojos) y fuera acompañadas del “Mahram”.

Las reformas, sin embargo, han resultado insuficientes. En 2000, el reino saudí se adhirió a la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, en inglés), por lo que está obligado a poner fin a la discriminación contra las mujeres en la brevedad posible. En 2008, el Observatorio de Derechos Humanos (ODH) publicó un informe sobre el sistema de tutela y la segregación sexual en Arabia Saudí. Dado que este sistema tutelar es igual que la relación que se establece entre los menores y sus tutores (de modo que las mujeres son tratadas como niñas y los hombres como padres), el ODH lo tituló Menores Perpetuas. El pasado verano, el ODH publicó otro informe condenatorio titulado Arrinconadas, esta vez únicamente en torno al sistema de tutela, gracias al cual, las redes sociales ayudaron a impulsar el movimiento que pretende terminar con la tutela mediante dos hashtags que se hicieron virales en Twitter: #IAmMyOwnGuardian (“yo soy mi propia tutora”) y سعوديات_نطالب_باسقاط_الولايه#, que significa “las mujeres saudíes exigen acabar con el sistema de tutela”. La imagen de una mujer cubierta con el tradicional keffiyeh árabe, el pañuelo blanco y negro conocido como símbolo del orgullo de Oriente Medio, y con las palabras انا ولية امري (“Yo soy mi propia tutora”) escritas sobre el rostro apareció en tweets, carteles, grafitis y calcomanías, convirtiéndose en el símbolo del movimiento. El principal reto es que Arabia Saudí es una monarquía absoluta donde la toma de decisiones es controlada exclusivamente por el Rey por tanto, no existe la representación popular pero la llegada de las redes sociales ha creado un espacio para expresar las quejas y movilizar los esfuerzos para incluir estas inquietudes en la agenda política.

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Hasta ahora más de 15.000 personas han firmado la petición que reclama al régimen de los Al-Saud que las mujeres sean tratadas como ciudadanos de pleno derecho.

“La iniciativa busca que se fije una edad a partir de la cual las mujeres sean consideradas adultas responsables de sus propios actos”, dijo la profesora universitaria Aziza Al-Yusef. “La campaña es muy importante porque el sistema del guardián masculino es la raíz de todos los impedimentos a los que se enfrentan las mujeres en Arabia Saudí al tratar de acceder a los recursos y oportunidades en las esferas personal o pública”, relata Hala Al Dosari, experta del Instituto de los Estados del Golfo en Washington y una de las promotoras de la iniciativa.

Al-Yusef está convencida de que esta vez las cosas serán distintas. A diferencia de la generación más joven de feministas saudíes que iniciaron el hashtag, puede recordar una época en que el sistema de tutela no existía en su país. “Estas leyes no existían en Arabia Saudí antes de la década de 1980, soy suficientemente vieja como para saberlo”. Al-Yusef desea que las mujeres de hoy tengan potestad sobre sus decisiones como ella recuerda haber tenido durante su juventud. “Fui a la universidad en 1977. Asistí a la Universidad King Saud y no tuve que obtener permiso de nadie”.

Recientemente el gran mufti Abdelaziz al Sheij, la máxima autoridad religiosa del país, calificó la iniciativa contra la tutela de “crimen contra el islam” y “una amenaza para la supervivencia de la sociedad saudí”, pero Al-Yousef quiere dejar claro que su lucha no es contra la religión. “No estamos lidiando con la religión, estamos lidiando con las leyes que implementa el gobierno, que exigen que un tutor masculino firme un papel para que las mujeres puedan hacer cualquier cosa”, indica. También indica que este no es un movimiento en contra de los hombres saudíes. “No es una lucha entre hombres y mujeres. Es un movimiento a favor de los derechos humanos: hombres y mujeres juntos, defendiendo nuestros derechos”. A la recolecta de firmas para enterrar el sistema de tutela se han sumado incluso algunos hombres. La activista explica que sus esfuerzos para entregar el texto al Gabinete saudí han sido infructuosos, por lo que transmitirán su petición por correo electrónico.