En Octubre del 2015, la edición británica de la revista Elle realizó un video

en el que se muestra el número de mujeres en puestos directivos con ayuda de Photoshop. Bajo los hashtags #MoreWomen y #ELLEFeminism, la campaña “More Women” reclama más presencia femenina en los negocios, la política y los medios de comunicación.

Las primeras mujeres líderes surgieron a finales del siglo XIX. A finales del siglo XIX, los esfuerzos se concentraron en la obtención de poder político, en concreto el derecho al sufragio. Mujeres como Lucretia Mott, Lucy Stone, Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony pelearon por el derecho al sufragio de las mujeres en los Estados Unidos, mientras que Emmeline Pankhurst y sus hijas Christabel and Sylvia y Millicent Fawcett pelearon por el derecho al sufragio de las mujeres en el Reino Unido.

En Canadá, este movimiento estuvo liderado por Emily Howard Stowe, la primera mujer en practicar medicina en este país. A ella se le suman las “Famosas Cinco”, cinco mujeres de la provincia de Alberta que llevaron en 1927 a la Corte Suprema la pregunta “En la sección 24 del Acta de América del Norte Británica (1867), la palabra “persona” ¿incluye a las mujeres?” si las mujeres eran consideradas “personas” tenían derecho a ser parte del Senado. La Corte voto negativamente, pero esta decisión fue reconsiderada en 1929 y las “Famosas Cinco” se convirtieron años después en Senadoras honorarias.

En la década de 1960 aparece el movimiento de liberación de la mujer. La segunda ola del feminismo tenía una amplia variedad de temas, como la desigualdad de hecho, la sexualidad, la familia, el lugar de trabajo y los derechos en la reproducción. Mujeres como Betty Friedan, Gloria Steinem, Kate Millett y Jacqueline Ceballos lideraron este movimiento.

Aunque en los últimos 20 años, el número de mujeres en cargos de poder ha aumentado significativamente, según datos de la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres) en el 2015 sólo el 22 por ciento de los miembros de parlamentos nacionales eran mujeres, eran 11 puntos más que en 1995, sin embargo, esta cifra no representa la realidad de un mundo donde las mujeres conforman el 51 por ciento de la población.

Actualmente, sólo diecisiete mujeres lideran en el mundo, en Europa hay siete, en Asia cinco, en África tres, en Oceanía una y en América la chilena Michelle Bachelet es la única mandataria.En Venezuela sólo hay cuatro gobernadoras, y en cuanto a la Asamblea Nacional, menos del 20 por ciento de los miembros son mujeres. Mientras que en Canadá las mujeres conforman el 26 por ciento del Parlamento y de las 10 Provincias sólo 3 están gobernadas por mujeres.

De acuerdo al estudio Gender Diversity Profitable? Evidence from a Global Survey (2016), la presencia de mujeres en las juntas directivas y en la alta dirección puede mejorar el desempeño de las empresas, esto refleja la recompensa de políticas no discriminatorias y el hecho de que las mujeres aumentan la diversidad de habilidades de las compañías. Sin embargo, de 22.000 compañías en 91 países, casi el 60% no tenía mujeres en su junta directiva, un poco más de la mitad no tenía mujeres ejecutivas y casi un tercio no tenía ni mujeres ejecutivas ni mujeres en su junta directiva. La presencia de mujeres CEO no tiene ningún efecto notable. Este patrón establece la importancia de crear un patrón de mujeres directivas y no simplemente conseguir que las mujeres lleguen a lo más alto. Las magnitudes estimadas de estas correlaciones no son pequeñas, para las empresas rentables, un movimiento de no tener mujeres líderes a tener una representación del 30 por ciento está asociado con un aumento del 15 por ciento en el margen de beneficio neto.

La importancia de que las mujeres en las empresas tengas oportunidades para crecer también influye en la decisión de regresar al trabajo después de la licencia de maternidad. Muchas mujeres a mi alrededor no están trabajando porque no les resulta rentable pagar guarderías y que les quede un par de dólares al mes. Injustamente, al calcular la rentabilidad de la guardería siempre se toma en cuenta sólo el salario de la mujer en el matrimonio, dejando claro que la responsabilidad de la guarda de los hijos es exclusiva de la madre.

Por otra parte, las mujeres entrevistadas concuerdan que para poder regresar a una empresa después de la licencia de maternidad, tienes que tener un trabajo satisfactorio que te ayude a lidiar mejor con la culpa de dejar a tus hijos bajo cuidados de terceros. Esto evidencia la importancia de los programas dentro de la empresa para ayudar a las mujeres no sólo a definir el camino que quieren dentro de su carrera sino a darles oportunidad para avanzar dentro de la misma. Programas como networking femenino, horarios flexibles y mentoring ayudan a las mujeres a tomar mejores decisiones de carrera y darse cuenta que no es necesario elegir entre la maternidad y el trabajo.

En cuanto a las mujeres en la política, el estudio Ethnic Diversity, Gender, and National Leaders (2013), indica que las mujeres históricamente han tenido oportunidades limitadas para conducir sus países y en muchos casos sólo por el deterioro de la salud de su marido o por su muerte es que ascienden al poder. Sin embargo, en la última década, más mujeres han sido elegidas para conducir a sus países. Con el aumento de las líderes nacionales femeninas, se plantea la cuestión de si hay condiciones en las que las mujeres pueden ser líderes más eficaces que sus homólogos masculinos, concluyendo que en las naciones con más diversidad étnica, la presencia de un líder nacional femenina se correlaciona con un aumento del 6,9 por ciento en el crecimiento del PIB en comparación con tener un líder masculino.

Esto se debe a que en los países donde se necesitan características de liderazgo especificas como la mejora de las desigualdades percibidas, empoderamiento de otros y la inclusión de todos los componentes de la sociedad, las líderes femeninas son más eficaces, debido a que son condiciones que requieren profunda cooperación y colaboración, actividades donde estas superan a sus homólogos masculinos. Evidencia similar se ha encontrado en el sector empresarial, donde la presencia de mujeres líderes en posiciones altas de las corporaciones de Estados Unidos ha tenido un efecto positivo en su rendimiento, siendo esta presencia más necesaria en situaciones complejas donde más se necesitan conductas pro-sociales y perspectivas diversas.

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, el liderazgo y la participación política de las mujeres están en peligro, tanto en el ámbito local como mundial. Las mujeres tienen poca representación no sólo como votantes, también en los puestos directivos, ya sea en cargos electos, en la administración pública, el sector privado o el mundo académico. Esta realidad contrasta con su indudable capacidad como líderes y agentes de cambio, y su derecho a participar por igual en la gobernanza democrática.

En los países desarrollados, uno de los mayores obstáculos a la hora de competir, es como se juzga a las mujeres por su belleza, tono de voz, corte de cabello, ropa que usan, si tienen o no tienen hijos, si están o no casadas y un sinfín de interrogantes que no salen al aire cuando se trata de los hombres.

De acuerdo a un estudio realizado por el Instituto Canadiense Angus Reid este año, la gran mayoría de los canadienses son ciegos al género cuando se trata de liderazgo político, pero un número igual de ellos cree la sociedad prefiere a los hombres como los líderes políticos. Cuando se le preguntó a los encuestados por qué hay menos mujeres como candidatas políticas, estos eran más propensos a culpar a la falta de apoyo a las candidaturas de mujeres dentro de los partidos políticos, seguido por los compromisos familiares de la mujer. Las respuestas muestran un permanente reconocimiento de que los compromisos familiares siguen recayendo en gran medida en las mujeres.

Esta encuesta también reveló que para los hombres jóvenes sus homólogos tienen mejores cualidades de liderazgo, alrededor del 12 por ciento de los varones de 18 a 34 años dijo que los hombres son mejores en el trabajo para mejorar la calidad de vida de los canadienses que las mujeres y el 10 por ciento dijo que los hombres eran más honestos y éticos que las mujeres. Por el contrario, los hombres mayores son más propensos a decir que las mujeres como tener mejores cualidades de liderazgo. Esto quizás sea la experiencia de vida hablando ya que los hombres mayores a 34 años tienen hijos.

Algo que llama la atención es que en altas proporciones de las mujeres más exitosas en la política no tienen hijos, reflejando la discriminación estructural de las madres en toda la sociedad. El artículo The motherhood trap (2015), expone un secreto incomodo, como a veces la maternidad se realiza a expensas de las oportunidades de carrera, así como su capacidad de generar ingresos de por vida, aunque la diferencia de retribución entre hombres y mujeres de veinte años está casi erradicada, la “brecha de la maternidad” todavía existe, y los salarios de las mujeres nunca se recuperan desde el tiempo dedicado al embarazo y a la crianza de los hijos.

Mientras que a los votantes y los medios de comunicación les gustan que sus políticos tengan una familia como una manera de señalar que son “normales”, las mujeres se enfrentan a una situación imposible. Si tienen hijos, la gente las menospreciar porque no dedican suficiente para el trabajo o porque ¿quién está cuidando a los hijos? o ¿quién está cocinando la cena? Si no los tienen, la gente las menosprecia por no tener nada más en su vida, o porque no se han realizado como mujeres.

Asimismo, cuando se trata de empleados que tienen niños, existe un ” bono de la paternidad y una “pena de la maternidad ” debido a que los empleadores leen los padres como más estables y comprometidos con su trabajo ya que, como tienen una familia que mantener, son menos propensos a ser flojos, mientras que para las mujeres es lo contrario. Para los hombres, tener una esposa e hijos es un recurso político, mientras que para las mujeres, no tener hijos era lo que les daba el tiempo para hacer política. Este tiempo para dedicarse a la política, sin embargo, generó a su acusaciones de egoísmo, y la sugerencia de que estas mujeres habían tomado una decisión de carrera calculada que de alguna manera las separaba de la “gente común”.

Por otra parte, a las mujeres líderes, especialmente en el área política, se les critica por su vestimenta, especialmente cuando usan trajes, sin tomar en cuenta no sólo que estos ayudan a que la gente no se concentre en sus piernas o sus brazos, sino que además el hecho de que las mujeres puedan usar trajes es relativamente nuevo, hasta 1993 las mujeres en el Senado no podían usarlos. A Hillary Clinton por ejemplo se le ha criticado públicamente el uso de trajes, sin tomar en cuenta que la mayoría de los lideres masculinos se visten monótonamente para no perder tiempo pensando que ropa usar.

A pesar de los problemas que tienen las mujeres no solo cuando quieren llegar a posiciones de liderazgo sino también cuando llegan a estas, veo con confianza el hecho de que cada vez más mujeres se están postulando a estas y están haciendo lo que pueden para empoderar a otras mujeres a desarrollarse profesionalmente. Además del hecho de que a las compañías con mujeres líderes les va mejor, otra gran ventaja es que las niñas necesitan modelos a seguir.

El estudio Successful female leaders empower women’s behavior in leadership tasks (2013) evaluó a ciento cuarenta y nueve estudiantes (81 mujeres) de una universidad suiza, donde se les pidió dar un discurso a una audiencia virtual que se sienta en una sala simulada. La habitación era estándar para todos los participantes, excepto porque en la pared frente al orador, había ya sea una foto de Angela Merkel, Hillary Clinton, Bill Clinton o ninguna imagen en absoluto. Los investigadores encontraron que los participantes masculinos obtuvieron buenos resultados independientemente de cuyo cuadro que vieron en la pared del fondo. Sin embargo, cuando las mujeres se veían imágenes de Bill Clinton o sin imagen en el fondo, hablaban menos, exudaba confianza y aplomo menos que los hombres. Pero cuando vieron imágenes de Angela Merkel o Hillary Clinton, se realizaron tan bien como lo hicieron los hombres. En otras palabras, la exposición a las mujeres líderes exitosos pudo haber dado a las mujeres un impulso en su rendimiento.

Esto revela que si queremos lograr un cambio en la sociedad tenemos que apoyar a las mujeres en puestos ejecutivos y hasta atrevernos a postularnos a los mismos. Dejar de juzgar a las mujeres por si eligieron o no ser madres o por si eligieron tener sus hijos y continuar con sus carreras y darnos cuenta de que esa diversidad de opciones, así no sean las más apropiadas para nosotras o no sea el camino que elegimos, está contribuyendo a que la siguiente generación crezca con modelos diversos y a que quizás, algún día, alguna niña que conocemos llegue a ser Presidenta.