La moda es una industria dirigida principalmente a las mujeres, históricamente identificadas como encargadas del gasto del dinero más no de su producción, aun cuando el hecho de que las mujeres se incorporaran al mercado laboral desde 1970 significó un crecimiento de la economía en EEUU de un 25%.

Esas mujeres que contribuyeron a la economía y que representaban un mercado cautivo de la industria de la moda para 1985, por lo menos en EEUU, tenía una talla 8 de promedio, actualmente es 16. Estas mujeres, no son visibles en la industria de la belleza, no solo de la ropa de diseñadores, sino que tampoco son incluidas en la publicidad de la industria de productos cosméticos para el cabello y maquillaje, cosas que no presentan la limitación de la talla como sucede con la ropa.

Las cosas pueden cambiar, efectivamente han cambiado, la industria de la moda pasó de tener modelos con desórdenes alimenticios a tener regulaciones en las pasarelas europeas que impiden a modelos con un índice de masa corporal inferior al considerado saludable desfilar.

Resulta necesario analizar si los cambios en la industria de la moda responden a transformaciones reales en su forma de enfocar a la mujer como cliente o solo son estrategias de mercado para responder a los nuevos intereses del mismo, ya que aproximadamente 3 millones de personas asistieron a las diferentes convocatorias de la marcha de las mujeres este año, la candidatura de Hillary Clinton fue apoyada por un número importante de actrices y estrellas de la música, por lo que actualmente hay una mayor conciencia política en nuestro consumo, así que quizás la moda solo está adaptándose a estos nuevos intereses.

Mucho hemos visto desde el año pasado sobre la inclusión de lemas feministas en las pasarelas por casas de moda. La camiseta «We Should All Be Feminists» de Dior que cuesta $700, fue usada por Rihanna, Natalie Portman, Jennifer Lawrence y Chiara Ferragni. Prabal Gurung también se unió a esta corriente con camisetas que decían “The future is female”, “This is what a feminist looks like”, “girls just wanna have fun-damental rights”, entre otros lemas.

Sin embargo, no fue sino Christian Siriano quien destacó por ser uno de los únicos desfiles que incluyó mujeres de todos los tamaños en su pasarela, contando con casi un tercio de modelos de color.  Siriano también mostró una camiseta diseñada por su esposo con el lema “People are People”, cuesta $25, yendo todas las ganancias de la venta de la misma a  American Civil Liberties Union (ACLU), organización que destacó por su trabajo defendiendo a refugiados e imigrantes musulmanes en las últimas semanas.

Cerrando con la semana de la moda en Nueva York, el diseñador Michael Kors quien había declarado con anterioridad que era imposible incluir a modelos regordetas por razones «logísticas»,  hizo desfilar por primera vez en su pasarela a la modelo Ashley Graham, junto a las top Bella Hadid y Kendall Jenner.

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MICHAEL MICHAEL MICHAEL!!! Thank you for the opportunity and showing that beauty comes in many different forms!! #michaelkors #nyfw

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Esto resulta un cambio desde posiciones como la Karl Lagerfeld quien como director de Chanel dijo en el 2009 que “Nadie quiere ver mujeres con curvas”, así como la firma Abercrombie & Fitch durante la dirección de Mike Jeffries vendió sus colecciones solo hasta la talla 10 porque “vamos por el atractivo, por los jóvenes de tipo americano”.

Aun cuando Graham está ganando cada vez más espacios, como una súper modelo de las llamadas “plus size” en referencia a que su peso y medida son superiores a las de las modelos que estamos acostumbrados a ver, la industria de la moda considera todo aquello por encima de la talla 6 como “plus size” dejando por fuera a 100 millones de mujeres cuya talla promedio es 16 o superior y que representan un mercado estimado en 20 billones de dólares y subiendo desde el 2013.

Graham que se considera una activista de la aceptación corporal ha venido ganando espacios en una industria de la moda que está respondiendo poco a poco y con mucha resistencia a la necesidad mundial de promover en las mujeres y niñas una visión saludable y positiva de nuestros cuerpos. Desde la aparición en la portada de la revista de traje de baños Sports Illustrated, una muñeca Barbie de su imagen y el logro de su primera portada en la revista Vogue para el Reino Unido y de aparecer junto a otras modelos en la portada de la Vogue para EEUU en una edición sobre la diversidad que ha sido duramente criticada.  La modelo está llevando su imagen, la de una figura con la que muchas más mujeres pueden relacionarse a sitios donde estaban desterradas.

Pero nada es tan fácil, la editora de Vogue UK Alexandra Shulman reconoció en un editorial  que fue difícil llevar a cabo la sesión para la revista ya que algunas casas de moda se negaron frontalmente a prestar sus piezas para la modelo, siendo la marca Coach la única que se mostró entusiasmada por promover sus piezas en una mujer más real y no una modelo estándar.

Como consumidoras en tiempos de un mercadeo tan invasivo a través de nuestras redes sociales y búsquedas en internet debemos tomar decisiones conscientes con respecto a donde invertimos nuestro dinero, nuestra ropa o los productos que adquirimos pueden ser usados en nuestra contra, pero nuestro poder como consumidoras no debe tomarse a la ligera, la reciente campaña grab your wallet para boicotear la línea de ropa de Ivanka Trump, terminó con que la cadena Nordstrom sacara de sus tiendas sus productos, demostrando que el consumo puede ser una herramienta, y si puede serlo en cuanto a nuestra opinión política, debe serlo en cuanto a nuestra salud física y mental y la de las generaciones de mujeres por venir.

Muchas mujeres y niñas pagan con su salud mental y física las consecuencias de no sentirse valiosas o bellas porque su cuerpo no responde a los estándares impuestos por la moda y medios de comunicación, aun cuando tienen cuerpos saludables aspiran a versiones casi inhumanas que la publicidad construye gracias al Photoshop, es por ello que no sólo es necesaria la inclusión de lemas feministas en las pasarelas por casas de moda, mostrando al feminismo como un “trending topic”, sino que este compromiso debe abarcar también acciones contundentes para liberar a las mujeres de los estereotipos con respecto al “deber ser” de nuestra apariencia física promovido por la industria de la moda y dar paso a imágenes más saludables y diversas del cuerpo femenino que nos permitan sentirnos incluidas y visibles.