El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido actualizó este mes su guía clínica oficial sobre la prescripción de pastillas anticonceptivas, la nueva recomendación sobre el uso de este método anticonceptivo es dejar de hacer la tradicional pausa de 7 días, por ser un uso menos optimo del método. Esta nueva indicación reveló que históricamente la pausa no se realiza por razones médicas, el descanso de 7 días en el uso de este método tiene como origen la intención de su creador John Rock de hacer el anticonceptivo lo más parecido al ciclo natural de la mujer para conseguir así su aprobación por parte de la Iglesia Católica.

Hasta ahora las mujeres han usado las pastillas anticonceptivas tomando una píldora con carga hormonal por 21 días y descansando 7 o tomando durante ese periodo pastillas sin carga hormonal o placebo. Durante el descanso o el uso de las pastillas placebo las mujeres experimentan su periodo menstrual que en ese caso resulta una hemorragia por abstinencia. La nueva guía emitida por la NHS por sus siglas en inglés, recomienda que las mujeres tomen las pastillas anticonceptivas de forma continua, lo que mejora su efectividad al reducir los riesgos de embarazos no planificados y disminuiría la presencia de efectos como molestias y calambres menstruales.

Uno de los creadores de la pastilla anticonceptiva, el profesor John Rock, clínico de ginecología de Harvard, era un católico devoto que estaba dedicado al trabajo contra la infertilidad, pero que usaba un enfoque en su investigación que sumado al trabajo del fisiólogo reproductivo Gregory Pincus, resultó en la pastilla anticonceptiva tal como la conocemos. Rock, creía que la pastilla anticonceptiva podía considerarse un adjunto a la naturaleza, ya que las mujeres en vez de usar algún método de barrera (prohibidos por la iglesia), estaban simplemente regulando su ciclo, como en una versión mejorada del método de ritmo.

“Si no es liberado un ovulo, ni hay un período fértil y no hay anticoncepción”, explicó Rock al New York Times en 1966. “La píldora modifica para el ovulo la secuencia de tiempo en las funciones del cuerpo y extiende el período infértil. Este período de inercia es la base teológica del método del ritmo aprobado por la iglesia”. El mantenimiento de períodos menstruales, que realmente eran sangrados por abstinencia, completaban la apariencia de un ciclo natural.

Como resultado este método anticonceptivo ha sido utilizado por décadas de una forma menos eficiente solo porque su creador quería hacerlo aceptable para la iglesia católica, que se negó a aceptarlo en 1968, después de años de deliberación, cuando el Papa Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae, manifestó que el sexo en la fe católica debe servir para la «transmisión de la vida humana» y las relaciones «deliberadamente anticonceptivas» eran «intrínsecamente incorrectas», ya que el sexo por placer podía causar una caída en los valores morales, el respeto conyugal y la santidad del matrimonio.

En el Reino Unido se espera que esta actualización de las recomendaciones de uso genere cambios en la prescripción de este método anticonceptivo, por ejemplo con la dotación de pastillas anticonceptivas para 365 días. Esta información no es nueva y es conocida por muchos laboratorios farmacológicos que ya en 2003 y 2007 lanzaron al mercado en EEUU, presentaciones de pastillas anticonceptivas de ciclo continuo, que eliminaba las pausas para menstruar y por lo tanto este proceso dejaba de ser parte de la vida de las mujeres mientras usaran este método.

Sobre la posibilidad de no menstruar durante periodos prolongados por el uso de las pastillas anticonceptivas de esta forma, desde 1999 algunos trabajos científicos como el de Elsimar Coutinho y Sheldon S. Segal, en su libro «¿Es obsoleta la menstruación?» alegaron que «la ovulación incesante no cumple ningún propósito». Otros artículos han secundado esta posición, reiterando que no existe razón médica para el ciclo de 28 días y el proceso menstrual. Coutinho y Segal, también destacan algunos problemas médicos que pudieran evitarse de suprimir la menstruación, como el dolor abdominal, migrañas, endometriosis, fibromas y anemia.

En todo caso, es importante conocer la realidad de cómo han sido decidido a lo largo de la historia aspectos tan determinantes de nuestra vida y nuestra salud, también debemos tener presente que ambas posiciones van a tener defensores y detractores en quienes presentan intereses económicos involucrados, compañías farmacéuticas promoviendo el uso prolongado de las pastillas anticonceptivas o compañías de productos de higiene menstrual que sufrirían grandes pérdidas si las mujeres optaran por no experimentar el sangrado y otros síntomas que implica la menstruación. Por todo esto debemos seguir informándonos y conociendo el enfoque con el que la medicina trata nuestra salud, exigir más estudios sobre los efectos de estos productos en nuestro bienestar, solo esta exigencia ha permitido que esta información poco a poco salga a la luz y se tenga un enfoque que permita mayor estudio de aspectos que no fueron visibilizados durante años como los efectos secundarios de las pastillas anticonceptivas, su relación con la depresión, en especial en las adolescentes, el síndrome de shock toxico de los tampones, entre otros.