Un acontecimiento importante sucede este año en los Estados Unidos. Por primera vez, una mujer nominada por el Partido Demócrata está en la carrera por la Presidencia. Es un momento inolvidable para Hillary Clinton, y para la historia de las mujeres tiene la relevancia del quiebre de un techo de cristal que estaba tan alto que se siente un poco parte de la estratósfera. 2016 también es el año de Lemonade, el sexto disco de Beyoncé, publicado en abril, aparejado con un contenido visual extraordinario en el cual esta artista –que ha dominado la escena musical por la última década y que es considerada la nueva grande entre las grandes– hizo una confesión que impresionó a todos: su esposo le fue infiel.

Aunque Hillary Clinton está rompiendo barreras inimaginables y Beyoncé está poniendo la música que nos hace sentir poderosas, nuestra mujer que inspira es alguien más, solo un poco más parecida a nosotras las mortales. Se trata de alguien que quizás no reconozcas si no estás muy al tanto de la política estadounidense, y si lo estás, probablemente la identifiques por el hecho noticioso menos afortunado que la rodea, lo que resulta muy injusto. Así que permítenos presentarte a Huma Abedin.

Huma Abedin

Huma nació en Michigan, EE UU. Allí vivió su familia, pues su padre era profesor en la Universidad de Western Michigan. Huma es la segunda de los tres hijos de la pareja, siendo su hermano Hassam el mayor, y Heba su hermana menor. Su padre, Syed Abedin (1928-1993) nacido en la India, fue profesor universitario y fundador del Instituto de Asuntos de las Minorías Musulmanas y de la revista del mismo. Su madre Saleha Mahmood Abedin, paquistaní, socióloga y profesora universitaria, heredó la dirección del Instituto que presidía su marido tras su muerte. Cuando Huma tenía solo 2 años, los Abedin se mudaron a Arabia Saudita donde sus padres trabajaron como profesores universitarios.

Durante su crecimiento en Arabia Saudita, Huma asistió a la Escuela Británica Internacional, donde estuvo rodeada de compañeras de diferentes nacionalidades. Su papá determinó su formación, desde hacerla practicar varios idiomas, exponerla a lecturas importantes según su madurez, incentivarla a actividades especiales con su familia, hasta prepararla –desde muy pequeña– para asumir actividades cotidianas de adultos como comprar pasajes de avión.

Huma creció en un ambiente de apoyo, donde la familia se reunía para escucharla recitar sus poemas, y también, en contacto con las restricciones propias del mundo árabe, aunque con la vida occidental que disfrutaba durante las vacaciones escolares en EE UU. Durante su adolescencia admiraba a la princesa Diana y a Jane Austin, pero su verdadero ídolo era la famosa periodista Christiane Amanpour. Con ella como inspiración decidió hacer unas pasantías en un periódico local, y posteriormente, motivada en parte por el duelo por la pérdida de su padre, en 1994 con solo 18 años regresó a EE UU para estudiar en la Universidad George Washington, donde se graduó en periodismo con una mención en Ciencia Política.

Durante sus estudios, Abedin tuvo que solventar la carencia derivada de su formación en el exterior y esforzarse por aprender todo lo posible sobre la historia de EE UU. En este periodo decide aplicar para una pasantía como interna en la oficina de prensa de la Casa Blanca. Esperaba trabajar con la oficina de secretaría de prensa del entonces presidente Bill Clinton, pero fue asignada a la oficina de la primera dama.

Huma reconoce en entrevistas que el trabajo en la Casa Blanca le causó un shock cultural al provenir de un país donde las mujeres no tienen derecho al voto (solo en elecciones locales desde el 2015). Debe resaltarse que en el tiempo de Abedin en la Casa Blanca se desarrolló uno de los mayores escándalos que ha tocado la política norteamericana y que terminó con la renuncia del presidente Bill Clinton por mantener una relación extramarital con una becaria.

Desde su ingreso a la Casa Blanca como interna en 1996 hasta la actualidad, Abedin fue labrando su camino por cargos cada vez de mayor importancia, siempre a la derecha de Hillary Clinton, ganándose así que la prensa la identifique como su sombra. Desde entonces, ha sido su asistente durante su tiempo como primera dama, parte del staff de su campaña para senadora en 2000, jefa de personal durante la campaña por la nominación por el Partido Demócrata que perdió ante Barack Obama en 2008, jefa de personal de Clinton en sus funciones como Secretaria de Estado hasta 2013, y consultora de la fundación Clinton. En la actualidad, acompaña a Hillary Clinton como vicepresidente de su campaña, desde que en abril de 2015 anunciara su candidatura para la Presidencia de EE UU.

En junio de 2010, a los 34 años, Huma se casó con Anthony Weiner, de 46. El entonces congresista de los EE UU por el estado de Nueva York, tenía una gran carrera, había sido el hombre más joven en ser electo para el consejo de NY, y logró ser reelecto para la Cámara de Representantes por siete veces consecutivas. La boda fue oficiada por el propio expresidente Clinton, y durante un breve periodo, Huma y Anthony fueron una joven pareja con poder y carreras con un inmenso potencial.

En 2011, a solo un año de su matrimonio, estuvieron rodeados por el escándalo cuando una foto inadecuada apareció en la cuenta en Twitter del congresista Weiner, quien admitió que mantenía intercambios de mensajes de contenido sexual con varias mujeres. La presión de sus pares del Congreso obligó al político a renunciar a su puesto. Huma –contrariamente a la llamada imagen de la “buena esposa” que aparece junto a su marido entonando su mea culpa– no acompañó a Weiner ante los medios. Continuó con su trabajo como una forma de mantener la normalidad, y finalmente, decidió perdonar la infidelidad para salvar su matrimonio. Esta decisión fue muy criticada pero estuvo influenciada principalmente por el hecho de que para el momento Huma estaba embarazada del primer y único hijo de la pareja, Jordan.

A partir de este escándalo, Huma siguió con su trabajo, tuvo a su primer hijo y mantuvo su relación con Weiner quien se dedicó a la crianza del pequeño Jordan, mientras ella se convertía en el sostén del hogar. Esto la obligó a aceptar trabajos con consultoras privadas, además de sus tareas con la fundación Clinton y la Secretaría de Estado a cargo de Hillary Clinton, para quien todavía prestaba servicios en un esquema de trabajo de personal de confianza que le permitía laborar desde su casa para pasar tiempo con su hijo y su esposo, facilitando que el matrimonio tomara el tiempo necesario para dejar el episodio desagradable atrás. Esta situación de trabajo generó críticas y una investigación por parte del Congreso sobre sus ingresos y los posibles conflictos de intereses generados entre sus empleadores. Para 2012, Huma también fue blanco de un ataque por parte de algunos miembros del Congreso que alegaban que su familia tenía vínculos con asociaciones terroristas, denunciándola como una amenaza a la seguridad nacional por su nivel de acceso a información clasificada de la Casa Blanca. Ante lo pernicioso del ataque, senadores republicanos de tanto peso como John McCain y Marco Rubio defendieron a Huma y su trabajo al servicio de Estados Unidos para zanjar el asunto ante la opinión pública.

Pasados los tiempos más difíciles, en abril de 2013, Abedin y Weiner concedieron una entrevista al New York Times sobre cómo lidiaron con los embates de la tormenta mediática en torno a su matrimonio. Así, la pareja marcó no solo su salida del autoexilio social al que se habían sometido, sino también el apoyo de Huma al intento de su esposo de regresar a la política, ambicionando ser el candidato demócrata para la alcaldía de NY. La campaña de Weiner parecía estar fundamentada en gran parte en la buena imagen de Huma. En una nota del New York Magazine se planteaba que si ella había podido perdonar a su esposo también podía hacerlo la ciudad de NY. Y de hecho, había posibilidades, hasta que en julio del 2013 se filtró una nueva historia sobre Weiner. Él reconoció que continuaba intercambiando mensajes de contenido sexual con varias mujeres, y esta vez, Huma, sorprendiendo a todos, lo acompañó en la declaración y decidió mantener con vida su matrimonio. La carrera política de Weiner no corrió con la misma suerte.

Desde el anuncio de la candidatura de Hillary Clinton y la relevancia de Huma, que es reconocida por la candidata como otra hija y su mano derecha, Abedin se pone de nuevo en la palestra, reaparece en los medios, y a pesar del daño que su esposo había causado a su imagen pública es capaz de recuperarse y volver a ser un activo de la campaña de su jefa. Se trata de una mujer profesional que reconoce viajar en la campaña por la Presidencia con el peso de la culpa por no pasar suficiente tiempo con su hijo y el de un secador profesional de cabello. Huma manifiesta que logra llevar el ritmo de trabajo que exige la campaña por el apoyo de su esposo en el cuidado de su hijo. Es una mujer con la que podemos relacionarnos y ante los ataques discriminatorios del candidato republicano, esta joven musulmana de padres extranjeros es nuevamente un ejemplo de servicio a la patria. Está en el tope de su carrera, se proyecta como la próxima jefa de personal de la Casa Blanca, la primera mujer en la historia que ocuparía ese cargo, y también, la más joven. Ante este futuro prometedor que debía convertirse en el mejor momento de su vida, su esposo acapara, de nuevo, la atención de los medios por otro escándalo de mensajes de contenido sexual con desconocidas. A solo horas de la noticia, Huma, de 40 años, emite un breve comunicado de prensa anunciando su separación después de 6 años de matrimonio. Hillary Clinton, que reconoce en cada oportunidad la ayuda, las cualidades y el aporte del trabajo y visión de Abedin en la campaña, está muy cerca de convertirse en la próxima presidenta de los Estados Unidos. Así que Huma continúa trabajando, porque como dijo en la última nota de Vanity Fair sobre su persona, ella trata de mantener presente que están haciendo historia.

Cuando salió Lemonade mucho se habló sobre lo que podía hacer por las mujeres esa narrativa de la esposa engañada que perdona, pues no parece contener mucho empoderamiento. Las infidelidades en estos tiempos de duda sobre la monogamia siguen siendo un tema tabú. Pareciera que las acciones de una pareja –que es un adulto independiente con comprensión del bien y el mal así como de los compromisos que comporta una relación– siguen reflejando en la sociedad algo negativo sobre la mujer. En un análisis de la fotografías de la nota del New York Times Magazine sobre Huma y Weiner, se apreciaba que casi no tenían contacto físico, que la desconexión era visible, y que el editor había diagramado la portada poniendo el título del reporte en grandes letras escarlatas sobre la imagen de Huma, en clara referencia a la vergüenza de la mujer engañada. De hecho, algunas personas justificaron las actuaciones de Weiner alegando que Huma trabajaba demasiado y no atendía a su esposo, pero cuando intentó ayudarlo a recuperar su carrera la tildaron de calculadora y de hacerlo para limpiar su propia imagen. También se dijo que solo perdonaba a Weiner porque él estaba dedicado a cuidar al hijo de ambos, lo que permitía a Huma centrarse en su trabajo. Tomando en cuenta que ese trabajo no solo es el sustento de su familia, sino que contribuye con un hecho histórico para las mujeres y que la sitúa en la cima de su desarrollo profesional, no parece sino razonable que su esposo –que arruinó a pulso su propia carrera e impuso tanta presión sobre el matrimonio– decidiera contribuir dedicándose a ejercer su rol de padre. Se suele juzgar como un gran pecado que una madre confíe en el padre para colaborar con la crianza del hijo que tienen en común. Tanto así que algunos medios reseñaron esta semana que Chelsea Clinton se perdió el primer día de colegio de su hija por apoyar a su mamá en la campaña por la Presidencia. Cabe preguntarse cuántas veces se ha reseñado que un político –hombre– se pierde el primer día de escuela del hijo por su trabajo.

Beyoncé y Huma tienen hijos pequeños, tomaron la decisión poco popular de perdonar infidelidades de sus parejas, esos hombres llamados a honrarlas y respetarlas. Fueron sometidas por su condición de personalidad pública a la humillación de que su vida privada fuera discutida en los medios, y que se atribuyeran las faltas de sus esposos a alguna carencia o ausencia por parte de ellas. Y aunque eso es a gran escala, todas hemos sido testigos de situaciones similares en la vida diaria, en comentarios en el trabajo, chismes de pasillos sobre alguna vecina, o al ver llorando a esa amiga ante la traición o por sufrirla personalmente. Salvar un matrimonio o una pareja es una decisión tan personal como tener hijos o hacerse un tatuaje. Nuestros juicios –aunque diversos– son propios y no deben ser impuestos a los demás, y aunque no todas podemos salir con un Roberto Cavalli amarillo y un bate a recuperar nuestra fuerza y la identidad perdida ante una infidelidad, podemos decidir no seguir el juego de la mujer humillada. Las actuaciones de una pareja no pueden ni deben borrar los logros individuales de grandes mujeres. Así que Beyoncé seguirá siendo fabulosa, y Huma Abedin una exitosa mujer que nos inspira.