De acuerdo a una investigación liderada por Nanette Gartrell, publicada en el New England Journal Of Medicine, una publicación en línea sobre salud, los hijos de familias homosexuales no tienen más probabilidades de enfrentar problemas de salud mental o física en comparación con los hijos de parejas heterosexuales. Los investigadores reclutaron 84 familias conformadas por lesbianas entre 1986 y 1992, en esa época comenzaron a popularizarse los bancos de esperma por lo que muchas mujeres lesbianas comenzaron a tener hijos con donantes. 

Los investigadores compararon un grupo de jóvenes de 25 años de edad que fueron criados por parejas homosexuales con jóvenes de 25 años criados por parejas heterosexuales. En una fase previa de este estudio se evaluó a la misma muestra cuando tenían 10 y 17 años, en ese entonces tampoco se encontró diferencias, acabando de esta forma con el mito de que los niños de familias LGBTQ experimentan diferencias en relación con los niños criados en familias heterosexuales en cuanto a bienestar mental y emocional.  Sus relaciones con familiares, amigos, cónyuges o parejas funcionaron igual de bien en comparación con sus pares criados por padres heterosexuales. También se encontró que no eran más propensos a padecer trastornos psiquiátricos diagnosticables o casi diagnosticables.