Con la noticia de que varios grupos de mujeres que se oponen al aborto trataron de participar en la Women’s March del 21 de enero de 2017, se generaron controversias y preguntas sobre lo que significa ser una feminista en la actualidad.

Los organizadores de la marcha revocaron el llamado estatus de asociación, una especie de reconocimiento oficial de un grupo antiaborto de Texas, New Wave Feminists porque el conjunto de “principios de unidad” de la marcha incluía “el acceso abierto a un aborto seguro, legal y asequible y al control de la natalidad para todas las personas”.

La tensión entre los derechos reproductivos y el feminismo se remonta a décadas, hasta el comienzo del llamado feminismo de la segunda ola en los años sesenta, pero esta marcha realmente cuestionó el significado del feminismo, y quién puede legítimamente llamarse feminista.

La marcha también tuvo lugar el día antes del 44 aniversario de Roe v. Wade, la decisión del Tribunal Supremo que legalizó el aborto. Y puesto que los derechos reproductivos enfrentan amenazas particulares bajo la administración de Trump-Pence, no es sorprendente que fueran un tema importante de la Marcha de las Mujeres. La presidenta de Planned Parenthood, Cecile Richards, fue oradora principal, Planned Parenthood y NARAL Pro-Choice America, ambas organizaciones pro-elección, fueron patrocinadores. La plataforma oficial de la marcha exigía “un acceso abierto a un aborto seguro, legal, asequible y anticonceptivo para todas las personas, independientemente de su ingreso, ubicación o educación”. Los carteles de derechos reproductivos y justicia estaban en todas partes.

Aún así, muchas de las mujeres anti-aborto estaban tan molestas por los comentarios y acciones de Trump como las mujeres pro-elección.  Por lo que la marcha terminó planteando si la lucha por la igualdad de las mujeres puede dar espacio a las mujeres que se oponen a lo que muchos consideran un fundamento clave de la igualdad: el derecho de la mujer a controlar su fertilidad y a buscar un aborto seguro y legal.

Aunque las mujeres anti-aborto querían protestar contra la misoginia cultural, el estado de la educación,  la atención de la salud y la posibilidad de que sus propias hijas tengan oportunidad de liderar, no estaban entusiasmadas por participar después que la marcha asumió a Planned Parenthood como patrocinador y se identificó como una plataforma progresista y pro-elección.

Algunas mujeres anti-aborto dicen mostrar compasión por las mujeres que buscan acceder a uno pero frecuentemente argumentan que el aborto es incorrecto porque toma una vida humana y que las mujeres también “merecen algo mejor” que el aborto, mientras repiten afirmaciones falsas de que el aborto es más peligroso de lo que es, o que causa cáncer de mama, o que el aborto daña a las mujeres . Pero otros también argumentan que las mujeres no tendrían que recurrir al aborto por su educación o su carrera si la cultura fuese menos hostil a la fertilidad de las mujeres y diera más apoyo a las madres, que es precisamente la posición de New Wave Feminists, el grupo con el que comenzó la controversia.

En ciertas cuestiones, hay realmente un terreno común entre las feministas anti-aborto y pro-elección, como combatir la discriminación basada en el género, promover políticas de trabajo favorables a la familia como licencias de maternidad y paternidad para los nuevos padres o que la violencia contra la mujer y la misoginia son inaceptables. Pero el aborto es un tema que lo cambia todo, para muchas mujeres pro-elección hay espacio suficiente en el movimiento para aceptar las diferencias, mientras que otras afirman que no hay espacio dentro del feminismo para las mujeres anti-aborto

Asimismo, hoy en día muchas feministas pro-elección prefieren centrarse más en la idea de “justicia reproductiva” que en la idea de “elección” porque no todas las mujeres tienen la misma gama de opciones. La justicia reproductiva no se limita a tener derecho al control de la natalidad o al aborto, cuestiones que muchos defensores priorizan, sino que es necesario tomar en cuenta otros factores para calificar la vida reproductiva de una mujer en la práctica, como si hay proveedores de atención médica de calidad disponibles en su comunidad, si puede obtener cobertura de seguro para esos servicios de salud, si vive en un ambiente lo suficientemente solidario como para poder enfrentar los embarazos que decida llevar a término y criar a los niños que elige criar, con seguridad y dignidad.

Es un análisis feminista muy interseccional de los problemas reproductivos, para ver cómo diferentes tipos de opresión, como el racismo, la desigualdad de ingresos y la misoginia, realmente se acumulan y complican entre sí, en lugar de considerar esos problemas como cuestiones separadas que perjudican a comunidades específicas de personas de una forma particular.

La idea es apoyar a Planned Parenthood para que el aborto sea asequible para las mujeres pobres dejando que Medicaid lo cubra, así como tratar a las mujeres embarazadas con dignidad, y apoyar a las nuevas madres y niños mediante la lucha contra la pobreza, asegurándonos de que todo el mundo tenga agua potable limpia y que se detenga a los oficiales de la policía que matan injustamente a hombres negros.

“La capacidad de decidir cuándo o si tener hijos es clave para la oportunidad de las mujeres de estar financieramente seguras y perseguir sus sueños”, escribió la Presidenta Planned Parenthood, Cecile Richards, en un editorial para la revista Time en 2015.

Y es esa idea de “justicia reproductiva” la que hace que muchas feministas nos molestemos cuando descubrimos que una mujer a la que admiramos es anti-aborto, porque desafortunadamente, las personas anti-aborto no se dedican a opinar o a hablar de sus creencias sino que, apoyan y votan por líderes que aprueban  leyes restrictivas que “pretenden” proteger la salud y la seguridad de las mujeres, pero que de hecho no hacen nada más que clínicas de aborto de calidad cierren y que las mujeres pobres no tengan acceso a anticonceptivos y a exámenes ginecológicos. Por tanto, no se trata sólo de las “opiniones” que poseen o de sus valores personales, sino que también se trata de las declaraciones políticas y las acciones que eligen tomar que pueden tener graves consecuencias para otras mujeres. Por tanto, cuando se piensa en el feminismo como un movimiento político y no sólo personal, incluso la filosofía de la inclusión radical tiene sus límites.

Es por eso que al considerar a una persona feminista hay que hacer una distinción muy importante entre tener una objeción personal o moral al aborto y luchar activamente contra el derecho de otras mujeres para acceder a este si así lo desean.

A lo largo de este artículo me he referido a las personas “pro-vida” como “anti-aborto” por la siguiente razón: cuando el aborto es ilegal o inaccesible, las mujeres sufren daños irreparables a su salud y en muchos casos la muerte, asimismo el movimiento “pro-vida” tiene poco que ver con la vida afuera del útero, ya que poco hacen para ayudar a los niños una vez que nacen. No considero que una persona sea “pro-vida” cuando una media de 70.000 mujeres muere cada año alrededor del mundo como consecuencia de abortos ilegales.

Asimismo, si consideras que el aborto “está mal” desde un punto de vista moral pero que las mujeres deben ser capaces de decidir por sí mismas si tienen un aborto o no, dependiendo de la situación, por ejemplo en el caso de violación o cuando existe un riesgo grave para la vida de la madre, lamento decirlo pero eres pro-aborto.

De igual forma, en el momento en el que realizas acciones, como por ejemplo votar por un candidato “anti-aborto” para lograr hacer el aborto ilegal otra vez, estas declarando que las mujeres no tienen ni el derecho ni la legitimidad para tomar sus propias decisiones médicas, y eres por definición, antifeminista.

El feminismo es un movimiento que existe en oposición a las fuerzas opresivas que buscan controlar a las mujeres y a otros grupos marginados. La ideología “anti-aborto” es una herramienta de estas fuerzas opresoras: un esfuerzo concertado para controlar los cuerpos y, por lo tanto, las libertades de las mujeres.

El aborto es un procedimiento médico seguro. El acceso al aborto afirma la autonomía y permite a las mujeres en control de su futuro reproductivo. Las mujeres no solo merecen algo mejor que elegir si quieren o no tener hijos y algo mejor que el acceso al aborto seguro y legal bajo demanda. Las mujeres merecemos algo mejor que políticos misóginos tratando de controlar sus cuerpos y gente hipócrita que apoya que le quiten el financiamiento a Planned Parenthood, cuando gracias a esta organización pueden controlar su natalidad de manera segura a través de pastillas anticonceptivas por ejemplo.

Quizás la respuesta para las “feministas anti-aborto”  no sea abogar para que se prohíba el aborto, sino pelear para disminuir las mismas estructuras sociales que crean circunstancias en las que el aborto es una opción útil, como la pobreza, la brecha salarial entre los géneros y la violencia sexual contra las mujeres. Quizás el feminismo debe aceptar a personas diferentes con diversos puntos de vista, pero tan pronto una persona empiece a tratar de restringir las libertades de las mujeres, no puede considerarse feminista.

*Para ser parcial, si eres feminista y “anti-aborto” puedes hacer click acá.