En esta TEDTALK de Reshma Saujani, fundadora y directora ejecutiva de “Girls who Code” esta política y abogada empieza por contarnos su momento de vida de mayor valentía, cuando se postulo para el congreso de los EEUU, su intento aunque fracaso estrepitosamente como ella misma lo admite, le dio la lección de vida que transformaría no solo su futuro sino el de miles de niñas estadounidenses.

“solo obtuve el 19 % de los votos, y los mismos periódicos que dijeron que era una estrella política en ascenso ahora decían que había despilfarrado USD 1.3 millones para 6321 votos. No hagan cuentas. Fue humillante.”

Saujani reconoce en su decisión de participar en la  elección al congreso su primer acto de valentía y manifiesta que la mayoría de las mujeres se inclinan por carreras en las que saben van a ser excelentes, porque se nos enseña a evitar los riesgos y fracasos. Esta situación se origina desde nuestros primeros años de formación, donde a las niñas se les orienta para que sean buenas estudiantes, sonrían y jueguen de forma segura, en cambio a los niños los alentamos a explorar, jugar rudo, competir y correr riesgos. Para cuando esos niños son adultos ya sea pidiendo un aumento o una cita, no tienen temor a arriesgarse o fracasar, están acostumbrados y dispuestos.

Esta falta de valentía es en opinión de Saujani una de las principales causas por las que las mujeres no tienen suficiente representación en las ciencias e ingenierías, en las juntas directivas o en las posiciones de liderazgo en el sector privado o público.

Un estudio de 1980 realizado por la psicóloga Carol Dweck, hizo seguimiento a niños y niñas de 5to grado que recibían una tarea con un nivel de dificultad superior al acostumbrado o acorde a su edad, los resultados demostraron que las niñas aun siendo las mejores estudiantes se daban por vencidas rápidamente, mientras mayor era su coeficiente intelectual, más rápido se daban por vencidas, los niños en cambio sentían que era un reto y redoblaban el esfuerzo. Esto no se debía a un problema de habilidad, las niñas tenían mejor desempeño que los varones, la diferencia radicaba en la actitud para enfrentar los retos.

Esta diferencia sobre la actitud ante los retos persiste en la vida adulta como demuestra un reporte del comportamiento de los trabajadores de la HP, que demostraba que ante una vacante, los hombres aplicaban como candidatos si cumplían con el 60% de los requerimientos de la calificación del cargo, las mujeres solo aplicaban si reunían el 100%.

El problema no es tan simple como un problema de confianza, Saujani manifiesta que enseñar a las niñas a aspirar la perfección las hace excesivamente cautelosas por lo que como mujeres asumimos menos riesgos en nuestras carreras, un ejemplo de esto es que existen 600.000 empleos en el área de tecnología para los cuales las mujeres no están aplicando porque históricamente se asume erróneamente que las ciencias y tecnologías son un campo de hombres, pero la mitad de la población debe estar representada en estas áreas precisamente para realizar aportes que solventen necesidades y problemas que afectan al mundo pero en especial a las mujeres.

En el 2012 Saujani fundó Girls Who Code, una organización no gubernamental que busca promocionar en las niñas y adolescentes el estudio de la programación y tecnologías como objeto de estudio y carrera profesional, en la actualidad 40.000 niñas han aprendido a programar en EEUU y más de 80 empresas asociadas como Twitter, Facebook y Adobe entre otras están recibiendo niñas en sus instalaciones para educarlas como parte del programa y los resultados no son solo educativos, también económicos, ya que las mujeres realizan el 85% de las compras y usan las redes sociales un 600% más que los hombres, el internet es en gran medida una herramienta de las mujeres así que deberíamos estar construyendo las empresas y productos del mañana para que se adapten a nuestras necesidades como usuarias, las mujeres que programan aportan con su trabajo e inventiva para la creación de productos que sirven para la detección de enfermedades, promocionar sus países y hasta para desmitificar la menstruación.

Al enseñar a las niñas a programar se les enseña a ser valientes, ya que programar es un proceso de ensayo y error, para lograr el comando correcto en el lugar correcto, muchas veces un punto hace la diferencia entre el éxito o el fracaso, el código se rompe o falla muchas veces, normalmente requiere de muchos intentos hasta lograr que lo que intentas crear tome forma, requiere perseverancia, requiere imperfección.

Las niñas al iniciar el programa tienen el temor de no hacerlo bien, de fallar, el temor de no ser perfectas, la primera semana de entrenamiento las niñas se acercan a sus instructores y dicen no se qué código escribir, al acercarse a ayudarlas se consigue la página en blanco y pudiera pensarse que pasaron 20 min frente a la página en blanco, pero al presionar deshacer unas cuantas veces se consigue que escribieron códigos que borraron, intentan, a veces casi lo consiguen pero al no lograrlo perfectamente prefieren no mostrar nada a enseñar su error, eliminan su progreso, sus expectativas consigo mismas son la perfección o nada, la perfección o fracasaron.

Las niñas son buenas para programar, pero no es programación la única enseñanza que necesitan para lograrlo, Saujani comenta que Lev Brie profesor de introducción a Java de la Universidad de Columbia en sus horas de asesoría atiende a varones que dicen “Profesor hay un problema con mi código” y mujeres que en cambio manifiestan “Profesor hay un problema conmigo”, la idea de la perfección limita a las mujeres impidiendo que desarrollen todas sus capacidades, es necesario crear una red de apoyo para que no se sientan solas y se liberen del temor a equivocarse.

Las niñas manifiestan que temen levantar la mano, preguntar, ser la única con dudas, la única con dificultades, admitir sus errores se asume como fracasar, prefieren intentar hasta frustrarse y hasta desistir, pero un mayor esfuerzo no va a reparar una programación rota, a veces solo se requiere una recomendación, pero el miedo no deja que noten lo cerca que pueden estar de lograrlo, con una red de apoyo que las anime a emprender sin miedos, a ser valientes las mujeres pueden lograr cosas increíbles. Para Saujani solo ser imperfectas nos enseña el valor de esforzarnos y perseverar, bien sea para programar o ser la próxima Hillary Clinton o Beyoncé, ser valientes les permitirá no posponer sus sueños por miedo.

“No podemos esperar a que aprendan como ser valientes como yo lo hice, cuando tenía 33 años. Tenemos que enseñarles a ser valientes en las escuelas y al principio de sus carreras, cuando hay más potencial de impactar sus vidas y las vidas de otros, y tenemos que mostrarles que las vamos a amar y a aceptar no por ser perfectas sino por ser valientes. Necesito que cada uno de Uds. le digan a cada joven que conozcan su hermana, su sobrina, su empleada, su colega, que estén cómodas con la imperfección, porque cuando enseñamos a las niñas a ser imperfectas, y les ayudamos a hacer uso de ello, construimos un movimiento de jóvenes que son valientes y que construirán un mundo mejor para sí mismas y para cada uno de nosotros.”