En 1952 se celebró la primera edición del concurso Miss Venezuela, creado por Panamerican Airways (Pan Am) con el propósito publicitario de enviar a una representante venezolana al concurso Miss Universo en Estados Unidos. A diferencia del actual concurso, no se realizaba entrenamiento previo y tampoco se entregaban premios.

Tras una primera interrupción durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Pan Am cedió los derechos del concurso en 1955 a Reinaldo Espinoza Hernández, quien a pesar del triunfo de Susana Duijm en el Miss Mundo de ese año (primera hispanoamericana en llevarse una corona internacional), tras enfrentar protestas por parte de la iglesia Católica, la no figuración en el Miss Universo, la falta de interés por parte de la prensa y una segunda interrupción en 1959, vendió los derechos del Miss Venezuela al empresario Edwin E. Acosta Rubio en 1962.

Acosta Rubio creó el llamado «Comité Venezolano de la Belleza», desarrolló la proyección publicitaria del evento y lo transmitió por primera por televisión en 1962 a través de Radio Caracas Televisión. Mientras en Estados Unidos se daba la segunda ola del feminismo y las feministas protestaban el concurso Miss América, el concurso Miss Venezuela se convirtió en un favorito entre los venezolanos y un negocio rentable. En 1968 la canción “En una noche tan linda como ésta”, basada en la canción “On a Wonderful Day Like Today” se convirtió en el himno oficial del Miss Venezuela y en la canción oficial de los sueños de las venezolanas.

En 1972 el Miss Venezuela pasó a trasmitirse a través de Venevisión, el canal competidor de Radio Caracas Televisión, y en 1979 Venezuela gana la primera corona de Miss Universo, comenzando con esto la obsesión de miles de mujeres de hacer “todo por la corona”. En 1981 la Organización Cisneros, adquiere los derechos del concurso y designa a Osmel Sousa como Presidente de la Organización Miss Venezuela.

Actualmente, alrededor de 300 jóvenes acuden a la Quinta Miss Venezuela para ser examinadas por Sousa, un entrenador físico, un cirujano dental y un cirujano plástico. Al final todos sugieren qué se le puede hacer a cada candidata para crear una ganadora. Unas 60 son seleccionadas para recibir entrenamiento durante 3 a 6 meses en la Quinta Miss Venezuela, donde además de cirugías y programas para rebajar, se les proporciona entrenamiento para modelar, caminar en pasarela, clases de baile y de inglés.

Para Sousa, el Miss Venezuela no es un concurso de naturalidad, es un concurso de belleza y para ser bella se recurre a lo que sea,  porque la ciencia existe para perfeccionar la belleza.

Hasta 2013, Venezuela estaba dentro de los 10 primeros países con más procedimientos de cirugía plástica del mundo. Sin embargo, de acuerdo a un informe de 2014 realizado por el periódico ABC de España, en Venezuela se hacían más cirugías estéticas per cápita. Por ejemplo, si bien en Brasil se efectuaban muchas más intervenciones cosméticas, su población total es de casi 200 millones de habitantes, mientras que la población venezolana es de 29 millones. Anualmente, en Venezuela se realizaban 7,6 procedimientos por cada 1.000 habitantes frente los 7,4 de Brasil y los 6 de Estados Unidos. Traducido en cifras más sencillas, aproximadamente 1 de cada 150 venezolanos se sometió al bisturí para verse mejor o tratar de alcanzar un ideal de belleza.

Generalmente se dice que los concursos de belleza que han llevado a Venezuela a ganar 13 coronas de Miss Universo y Miss Mundo ejercen una presión que empuja a las venezolanas a preocuparse más por su apariencia física y recurrir más a la cirugía estética para sentirse bien y ser aceptadas socialmente como un mecanismo de evasión de la crisis que las agobia.

El 86% de los venezolanos cree que verse bien es estar bien. Es decir, para casi 9 de cada 10 personas en Venezuela la belleza es fundamental, independientemente del estrato social, contrastando con la realidad de un país lleno de violencia, pobreza y escasez. Por tanto, no extraña que ni la devaluación de la moneda ni la inflación hayan frenado las operaciones estéticas. Las cirugías más populares son implantes de seno, liposucción, lipoescultura y rinoplastia.

En esa realidad se desarrolló mi niñez. Desde que tengo uso de razón el Miss Venezuela es algo sagrado, ni siquiera cuando viví en España, donde el concurso comenzaba a medianoche dejé de verlo. Estoy consciente de que esta realidad contradice mi lado feminista. Si bien es cierto que no creo que se deba cosificar a las mujeres, me gusta ir al gimnasio, pintarme las uñas y secarme el cabello. Pero a veces dejo la vanidad a un lado. Ayer fui al supermercado en pijama con un suéter encima, sin maquillaje y un moño en el pelo, pero esas son contadas excepciones de mí día a día.

Roxane Gay en su libro Bad Feminist (2014) admite tener contradicciones que hacen de ella una mala feminista, entre las cuales están escuchar música rap, especialmente aquellas canciones con letras que degradan a las mujeres, disfrutar las revistas de moda, ver comedias románticas y tener fantasías acerca de cuentos de hadas que se hacen realidad. Al mismo tiempo, critica la perfección que exigimos de las feministas, que va más allá de ser sensata y constructiva, para disecar el feminismo de cualquier mujer y destrozarlo hasta que no quede nada. Por tanto, para ella, el mal feminismo es un feminismo más inclusivo donde no sólo reconocemos nuestras imperfecciones sino que rendimos cuentas de las mismas, porque cuando las malas decisiones se justifican es más difícil para las mujeres lograr la igualdad que nos merecemos.

Ser feminista es difícil porque las mismas feministas lo hacemos difícil, criticamos a las mujeres que se cambian el apellido, a las que se quedan en casa criando a los hijos o a aquellas que se operan para participar en un concurso de belleza sin darnos cuenta de que estas decisiones son conscientes y que, si bien es cierto que querer participar en un concurso de belleza parece sacado de la década de los 50, gracias a los avances que han tenido las mujeres los concursos de belleza no sólo sirven para conseguir un buen esposo sino que además sirven para lanzar una carrera.

Al comienzo del Miss Venezuela, sólo participaban señoritas de familias distinguidas quienes se encargarían de representar el ideal de la familia y las buenas costumbres, convirtiéndose en embajadoras del país para luego usar esta plataforma para conseguir un esposo y dedicarse a su familia y a obras de caridad. Sin embargo, en las últimas décadas, el Miss Venezuela se convirtió en una plataforma para que las mujeres alcanzaran notoriedad y gracias a eso desarrollar una carrera en la política y en las artes. Así es como por ejemplo, Irene Sáez Miss Universo 1981, logró ser alcaldesa del Municipio Chacao y la primera mujer candidata a la Presidencia de Venezuela teniendo una Barbie a cuestas. En el discurso de aceptación del Premio por Logros Destacados del la Organización Miss Universo en 1997, Irene dijo “la belleza puede abrir un camino para la justicia, y en su búsqueda me convertí y me mantendré una servidora leal y verdadera del pueblo venezolano”.

En lo personal, la presión por verme de cierta forma comenzó también muy temprano. Recuerdo hablar de dietas a los 12 años, usar acupuntura para rebajar a los 13, comenzar el gimnasio a los 14, y finalmente descubrir los laxantes a los 15. El problema del Miss Venezuela no es que sea un concurso de belleza, el problema se da cuando para la sociedad es más importante la apariencia de una mujer que lo que aporta con su inteligencia, costumbres y acciones. A las mujeres venezolanas se les cría para tener un cuerpo y una cara bonita porque con eso lo logran todo en la vida. Particularmente, yo siempre fui la más bajita de mi salón. Era claro que el Miss Venezuela estaba lejos de ser una realidad, y aún así he pasado la mayor parte de mi vida tratando de alcanzar un ideal de belleza que leyendo libros y he gastado más dinero en cremas para la cara que en educación.

Gran parte de mi vida escuché a familiares, amigos y gente extraña decir que tenía que rebajar un par de kilos, operarme los senos, hacer sentadillas para que creciera mi trasero y depilarme, mientras que mi meta última era rebajar, ser tan delgada como Kate Moss y poder usar un bikini sin preocuparme por la grasa abdominal.

Extrañamente, a pesar de estar rodeada de mujeres con cirugías plásticas encima, algunas de las cuales admiro grandemente, nunca consideré operarme, pues me crió una mujer fuerte que logró cosas en la vida gracias a su estudio, trabajo y dedicación. Por tanto, si bien era importante mi aspecto físico, había otras cosas que lo eran más.

Ahora bien, en los últimos meses de mi matrimonio pasó algo muy extraño. Vivía con tanto estrés que no metabolizaba lo que comía, en el proceso rebajé seis kilos, mis costillas se comenzaron a ver y se me hizo imposible conseguir jeans que me quedaran. Pensé que a pesar de todo lo malo, por lo menos había alcanzado mi ideal de belleza, sólo para ver a las personas que antes me criticaban ciertos kilos de más ofreciéndome comida y mirándome como si estuviese enferma. Nadie me preguntaba si algo estaba mal o si necesitaba ayuda, la gente se limitaba a juzgar mi apariencia y en ese momento, entendí que sin importar quien seas o como te veas, te van a criticar. En palabras de Dita Von Teese, “puedes ser el durazno más maduro, más jugoso del mundo, y aun así habrá alguien que odie los duraznos”.

Asimismo, mientras en la década de los 60, el lema del feminismo era “lo personal es político”, siendo orientada a objetivos concretos como la igualdad de derechos en el trabajo y el aborto, actualmente, el feminismo parece estar más centrado en el individuo, en utilizar tu cuerpo como una declaración de decisiones. Algunas mujeres pueden decir “soy feminista porque no me afeito” o “soy feminista porque me gusta mi cabello al natural”, mientras que yo puedo decir “soy feminista y me hice la depilación con láser porque estaba cansada de desperdiciar horas depilándome con cera cuando puedo invertir mi tiempo leyendo a Betty Friedan”.

Mientras que el vello corporal para algunas mujeres sigue siendo un arma poderosa en la lucha contra las normas patriarcales de la belleza femenina, y su eliminación es todavía en gran parte asociada con la internalización de ideales misóginas de la feminidad, veo con preocupación que se hable más acerca del mismo que acerca de temas que nos afectan a mayor escala, como por ejemplo del movimiento de leyes restrictivas sobre el aborto en algunos estados de Estados Unidos.

A pesar de que se escuchan noticias sobre Misses que mueren por dietas extremas o en un quirófano, y reportes acerca del uso de las Misses de “patrocinantes” para pagar desde cirugías a membresías de gimnasio y maquilladores, no todo está perdido. En la ciudad chilena de Iquique, lanzaron un taller de “desprincesamiento”, un proyecto que busca empoderar niñas de 9 a 15 años. La iniciativa partió desde la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia y busca darles a esas niñas la oportunidad de crecer libres de prejuicios y estereotipos asociados al género, contrarrestando el modelamiento sociocultural de las mujeres que se inicia desde la niñez y utiliza estrategias de “princesamiento” asociadas a Disney y otras industrias culturales.

Si bien los concursos de belleza siguen en boga, en Venezuela gracias a la crisis que vive el país, la participación de las candidatas en concursos internacionales está cada vez más difícil. Hasta ahora no se conoce si Venezuela participará en el Miss Mundo a celebrarse el 20 de diciembre en Estados Unidos, debido a que para enviar a una candidata al concurso fundado en 1951 se necesitan 120.000 dólares. Tampoco se conoce si el Miss Venezuela de este año coronará a candidatas para el Miss Tierra y el Miss Internacional, cuya inscripción cuesta alrededor de 30.000 dólares. Así es como la crisis económica logró lo que no pudo lograr ninguna organización feminista, acabar poco a poco con el reinado del Miss Venezuela.

*Andrea verá el Miss Venezuela de este año a través de su página web y espera que Miranda, Monagas y Nueva Esparta no se vuelvan una sensación de YouTube por sus respuestas en la sección de preguntas.