En The Conversation este mes se reseñaba la tendencia de las jóvenes chinas a rechazar o retrasar el matrimonio, cuestión que no solo preocupa a sus padres tradicionalistas, también al gobierno.

Después de una década de crecimiento sostenido, los índices nacionales de matrimonio están disminuyendo desde el 2014, en el 2015 un 9.1% menos de matrimonios se celebraron en comparación con el 2013, este fenómeno está acompañado de un aumento en la edad de contraer matrimonio. Rechazar o retrasar el matrimonio es una tendencia mundial, EEUU, Canadá, el Reino Unido y Japón entre otras naciones han sufrido el mismo proceso en los años recientes.

Pero en el caso de China, una cultura que atribuye gran valor a la familia, los padres y mayores están alarmados ante la posibilidad de que la nueva generación de mujeres decida no casarse y no tener hijos, lo que significaría desde la pérdida del linaje familiar, hasta que no tengan nadie que cuide de ellos cuando sean ancianos.

La práctica de los matrimonios arreglados está prohibida en china desde 1950, pero aun así los padres se mantienen muy involucrados en las decisiones maritales de sus hijos, muchos padres tratan de persuadir a sus hijos al matrimonio en las reuniones familiares tradicionales, incluso se dan “Mercados de matrimonio” donde los padres de hijos solteros intercambian información y arreglan citas a ciegas sin el conocimiento o el visto bueno de sus hijos.

El gobierno chino tampoco se mantiene al margen de la decisión de sus ciudadanas sobre el matrimonio, en el 2007 el Ministro de Educación declaro que las mujeres solteras a los 27 años eran  “sheng nu” que significa mujer sobrante y las urgía a abandonar sus estándares irreales sobre los hombres en su búsqueda de pareja

Este año, el gobierno también decidió eliminar el beneficio de licencia por “luna de miel” para las parejas que se casan “tarde” refiriéndose a los casos de hombres mayores de 25 años y mujeres mayores de 23. Esta política se implementó con la intención de fomentar a los jóvenes a casarse y tener hijos a la brevedad posible.

Una de las principales preocupaciones del estado, es la abundancia de  hombres solteros producto de la política de un sólo hijo que se mantuvo desde finales de los 70, se estima que el resultado de esta política de estado fue aproximadamente 100 millones de mujeres menos en la población de China, debido al  aborto, infanticidio y abandono de los bebes de sexo femenino, en la actualidad este déficit en mujeres significa hasta 33 millones de hombres en edad de matrimonio que se quedaran solteros.

Estos hombres sin familia que son típicamente de origen rural y empobrecidos, se les conoce como “Guang guan” o ramas rotas ya que en ellos se da el fin biológico del árbol familiar, se consideran una amenaza a la estabilidad social por la presunta frustración económica, social y sexual que padecen, son considerados una crisis más apremiante que las mujeres que no se han casado ya que un encuesta reciente informa que en áreas rurales la falta de matrimonio resulta en que estos hombres sean más propensos a incursionar en actividades delictivas como apuestas, prostitución y tráfico humano. Otro problema importante para el gobierno es que la población está envejeciendo sin hijos suficientes para mantener el sistema de pensiones en el futuro, en la actualidad hay 5 trabajadores activos por cada pensionado, en 20 años se estima que disminuyan a solo 1,6.

La mentalidad de los jóvenes ha cambiado, aunque hombres y mujeres respaldan la idea de los romances y tener pareja, el matrimonio como institución legal ya no es considerada una obligación, debido a su crecimiento expuestos a diferentes valores que otras generaciones, los jóvenes nacidos en los años 80 y 90 consideran que hay más opciones que mantener la línea genealógica casándose y teniendo hijos, muchos dan mayor prioridad a su carrera que a sus relaciones. Las estadísticas del gobierno también sugieren que el 85% de los trabajadores migrantes, de los cuales un tercio está en edad de casarse, trabajan más de 44 horas a la semana lo que les deja poco tiempo para las relaciones.

En el caso de las jóvenes chinas, han manifestado su rechazo a la presión de sus padres y de la sociedad para que contraigan matrimonio por ejemplo, en un anuncio de una compañía cosmética que se volvió viral. No es que las mujeres solteras no tengan interés en tener una vida sentimental, en realidad desean casarse, pero en un país donde la igualdad de género estuvo estancada por décadas, hay mucho en riesgo ya que todavía enfrentan numerosos obstáculos y discriminación en la educación y el trabajo.

Apenas en octubre del 2015 el gobierno relajo sus limitaciones a la descendencia, permitiendo a las parejas tener hasta dos hijos, pero no se han actualizado las políticas y beneficios para las familias por parte de los empleadores, así que, muchas mujeres se abstienen de tener un segundo hijo por miedo a los efectos de la maternidad en su posición en el mercado de trabajo. Contrario a sus contrapartes en el mundo desarrollado, las mujeres chinas no tienen ningún tipo de protección en caso de la disolución del matrimonio, así que no hay incentivos ni seguridad para cambiar su carrera profesional por la vida marital.

Las mujeres de ciudad, tienen con su empoderamiento, una decisión difícil que tomar, la intimidad o la autonomía, pero la alternativa existe, mujeres de zonas rurales no tienen la misma posibilidad de elegir ya que tienen menos control de su destino por estar privadas de educación y recursos sociales que les fueron negados por la sociedad patriarcal y la economía, así que sus opciones son matrimonios indeseados, desigualdad con respecto a sus esposos e incluso violencia dentro del matrimonio o para causarlo.

La mejor opción para volver a hacer atractivo el matrimonio en especial entre los estratos sociales con más dificultades, sigue siendo asegurarles a las mujeres ambientes de trabajo con condiciones que no penalicen la maternidad y que garanticen sus derechos laborales.