La aparición de Women Against Feminism en 2014 demostró que muchas feministas luchan por responder a las antifeministas con algo que no sea exasperación o sarcasmo. Lo que estas respuestas quizás no tienen en cuenta, es que en realidad existe una larga tradición de antifeminismo, que se remonta a finales del siglo XVIII.

Las antifeministas no tienen un lugar obvio dentro de la historia feminista. La primera organización anti-feminista documentada en el Reino Unido fue fundada en 1908: la Liga Nacional contra el Sufragio de Mujeres (WNASL). Si bien hubo murmullos de desaprobación cuando se presentó la primera petición de sufragio femenino en 1832 no fue hasta que las sufragistas adoptaron tácticas militares que el movimiento anti-sufragio realmente ganó atención.

Al sugerir que dar a las mujeres iguales derechos a los hombres de alguna manera creaba un desequilibrio, la WNASL aprovechó el temor de las personas a que las feministas nunca estarían satisfechas y seguirían exigiendo derechos. Este temor se ha repetido a lo largo de los siglos XX y XXI y ahora se puede ver en los mensajes sobre “Mujeres contra el feminismo” donde las antifeministas sostienen carteles que dicen: “No necesito el feminismo porque creo en la igualdad para todos, no sólo para las mujeres”. El tono alarmista del manifiesto (Inglaterra en llamas, menciones de revolución y peligro) fue adoptado más tarde por grupos anti-aborto en los años sesenta y setenta. Estos grupos de presión, principalmente encabezados por mujeres, afirmaron que el acceso al aborto y la anticoncepción dañaba la salud de las mujeres y podía conducir a la destrucción de la unidad familiar.

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El manifiesto de la WNASL continuó con la campaña para el sufragio femenino en América del Norte y afirmó erróneamente que: “Después de cuarenta años, la campaña estadounidense por el sufragio ha sido prácticamente derrotada. La agitación inglesa debe ser derrotada de la misma manera por el trabajo constante y el argumento de las propias mujeres”. La sugerencia de que el verdadero poder de una mujer radica en su capacidad para derrotar a otras mujeres resultó muy popular dentro del movimiento antifeminista. Volviendo una vez más a Women Against Feminism podemos ver a mujeres sosteniendo carteles que dicen que no necesitan el feminismo porque son mujeres fuertes y el feminismo sólo quiere convertirnos a todas en víctimas.

En contraste con el feminismo, el antifeminismo ha logrado muy poco. Tanto WNASL como Women Against Feminism no lograron detener el apoyo público a los objetivos feministas, su influencia es relativamente menor y sus argumentos son fáciles de descartar. Sin embargo, el hecho de que las mujeres se opongan al feminismo  sugiere que el antifeminismo merece un examen más detenido.

Como indica un artículo del The Journal of Sociology & Social Welfare (1982), las mujeres somos nuestras propias enemigas.  El fundamento de este artículo es el estudio de la oposición de algunas mujeres al sufragio femenino en Estados Unidos. Estas mujeres eran a menudo de posición social alta, esposas de ricos empresarios, políticos o hijas de familias importantes motivadas por el miedo y veían el sufragio como un acto de opresión, obligándolas a asumir responsabilidades que pertenecían a los hombres, dejando a un lado la atención y el interés a los deberes distintivos y más importantes de su sexo.

Eran mujeres que se aferraban tenazmente a los roles tradicionales y a los patrones establecidos de comportamiento, considerando que sus funciones como esposas, madres y guardianes de la casa se veían amenazadas por el avance de los movimientos progresistas.

Las razones de las anti-sufragistas eran las siguientes:

  1. Hombres y mujeres están hechos (por Dios o por la naturaleza) para operar en esferas diferentes, cada uno con conocimientos especializados, cada uno de ellos superior en su propio dominio.
  2. La imposición de la boleta electoral es onerosa y destructiva. Las mujeres que se oponían al sufragio sentían que si se les concedía el derecho a votar no podrían dejar de ejercerlo. La votación significaba hacerse conocedor de una amplia gama de temas previamente innecesarios para las mujeres. Las antis afirmaban que estarían obligadas no sólo a votar sino también involucrarse en el gobierno.
  3. El sufragio femenino conduciría a la duplicación del voto ignorante y vicioso.
  4. La votación no tiene valor sin el poder de hacerla cumplir. Las antis estaban muy preocupadas por la limitación física y emocional. El sentido de este argumento particular era que cada voto debía ser respaldado por la fuerza. Si la mayoría no puede ejercer fuerza sobre una minoría rebelde e ignorante, el orden social no podría prevalecer.
  5. Las mujeres serian corrompidas por la boleta electoral. Las antis argumentaban que la mujer era superior en su esfera de acción y el movimiento de sufragio atraería a las mujeres fuera del hogar y la familia.
  6. Las mujeres tienen influencia sin voto porque están libres de afiliaciones políticas y compromisos partidistas
  7. La familia y no el individuo es la unidad de representación. Las antis veían con profunda desconfianza el individualismo creían era promovido por las sufragistas. Para ellas era la familia, no el individuo, el elemento básico de la sociedad.
  8. La extensión del sufragio podía resultar en la pérdida de protecciones especiales. La esposa en el momento de su matrimonio no se hace responsable de las deudas de su marido antes del matrimonio, el esposo antes de casarse se hace responsable de todas las deudas de su esposa antes del matrimonio. Una mujer casada tiene derecho a mantener sus propios ingresos, el hombre no. La mujer que busca el divorcio de su marido puede obligarlo a proveerle una pensión alimenticia.
  9. El movimiento por el sufragio femenino era un movimiento minoritario.
  10. Consideraban que el sufragio femenino estaba inextricablemente ligado a movimientos sociales revolucionarios que amenazaban el orden social. Las antis intentaron vincular el sufragio femenino con una variedad de movimientos sociales temidos como el socialismo, comunismo, amor libre y divorcio fácil. Vieron en el movimiento del sufragio femenino un símbolo de un cambio fundamental en la relación entre hombres y mujeres y por lo tanto de todo el orden social.

Las mujeres se aferraban a lo tradicional y tenían miedo al cambio, no veían el común de las preocupaciones que las afectaban, consideraban que si se unían en un movimiento que representara a todas, era esencial que el movimiento respetara los sentimientos de las mujeres que estaban aferradas a las tradiciones.

Este precepto es un denominador común en todos los movimientos femeninos y hasta que no se logre un acuerdo común tendremos siempre dos movimientos diametralmente opuestos, ya que si examinamos con atención las razones de muchas mujeres para oponerse al feminismo en la actualidad siguen siendo las mismas, la idea de que los hombres y mujeres están hechos para operar en esferas diferentes, cada uno con conocimientos especializados, que el feminismo atraería a las mujeres fuera del hogar, la familia y no el individuo como elemento básico de la sociedad y la posible pérdida de protecciones especiales.

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En el artículo ¿Por qué algunas mujeres se oponen al feminismo? (2016), la psicóloga Magdalena Zawisza indica que la causa podría estar en la naturaleza misma del sexismo. El sexismo contemporáneo posee una naturaleza principalmente ambivalente. Con frecuencia, sostenemos actitudes positivas (benevolentes) y negativas (hostiles) hacia las mujeres (y los hombres). El sexismo hostil se relaciona con una negatividad anticuada y abierta hacia las mujeres, según la cual estas son percibidas como seres que desean controlar a los hombres, esta forma de pensar refleja creencias que indican que los varones deben tener más poder que las mujeres, que las mujeres pueden utilizar su sexualidad para beneficiarse amenazando la condición de superioridad de los hombres, y que las mujeres son menos competentes que los varones.

Por otra parte, el sexismo benevolente es más sutil. Tiene una intención aparentemente positiva pero, en la realidad debilita y trata con condescendencia a las mujeres. Considera a estas últimas desde un punto de vista estereotipado y restringe sus funciones sociales. Comprende creencias que indican que las buenas mujeres son cariñosas y aptas para la crianza y que los varones deben protegerlas, lo cual implica que son más débiles. Esta forma de sexismo suele pasar desapercibida y sin embargo, tiene consecuencias negativas para las mujeres al hacer que se interesen menos en el activismo, que no aprecien plenamente sus propias competencias e incluso al hacer que se limiten o reduzcan su desempeño.

Podría resultar sorpresivo, pero las personas con una alta calificación de benevolencia hacia las mujeres en pruebas psicológicas también tienen probabilidades de obtener una calificación alta en cuanto a su hostilidad. Con frecuencia, las personas pueden tener este tipo de actitudes conflictivas sin siquiera darse cuenta. Esto se debe a que las personas clasifican a las mujeres como “buenas” (aquellas que merecen actitudes “positivas”) y “malas” (aquellas que merecen ser castigadas). A esto se le conoce en ocasiones como la división entre la Madonna y la prostituta. Resulta crucial darse cuenta de que ambas formas de sexismo contribuyen a mantener el status quo.

Sin embargo, la hostilidad abierta, por si misma, conduce a la rebelión, lo cual significa un peligro para lo establecido. Por ello, este “puño de hierro” necesita un “guante de seda”. Y este guante es, precisamente, el sexismo benevolente: esta última recompensa al apego a las reglas del sistema. Las mujeres que deciden apegarse a los roles de género tradicionales son colocadas en un pedestal social y son protegidas como Nigella Lawson.

Al incursionar en ámbitos “tradicionalmente masculinos”, las mujeres adquieren experiencia pero reducen su capacidad de resultar agradables, esto puede ser una de las razones por las que las mujeres suelen mostrarse renuentes a hacer frente abiertamente a situaciones de sexismo. Por tanto, las mujeres se oponen al feminismo porque es más seguro mantenerse alineadas para agradarles a los demás. Como resultado, las mujeres suelen interiorizar las expectativas estereotipadas. Esto hace  posible que sostengan sinceramente puntos de vista conservadores y piensen que las mujeres se adaptan mejor a ciertos roles. Por ejemplo, que disfruten estar a cargo del hogar y de los niños y sientan que las feministas tratan de quitarles ese poder al exigir que los varones compartan la responsabilidad en esta área. Así como es posible que otras no estén de acuerdo con las “interpretaciones más extremas” del feminismo.

En cuanto a las “interpretaciones extremas”, la iglesia tiene gran poder sobre esto. En el artículo Our Bodies, Their God (2016), se indica que el 9 de octubre, el día siguiente del lanzamiento de la cinta de Access Hollywood donde Donald Trump se jactó de que podía agarrar las vaginas de las mujeres, muchas mujeres evangélicas de alto perfil criticaron a Trump, haciendo que los conservadores temieran que la marea estuviera cambiando. Un quinto de todos los votantes registrados y un tercio de los votantes del Partido Republicano son evangélicos blancos, según Pew Research Center, una rebelión entre mujeres cristianas podría haber sido devastadora para la campaña de Trump. Pero a pesar de los comentarios despectivos de Trump y su comportamiento abominable hacia las mujeres, no se produjo tal rebelión. En la intimidad de las cabinas de votación en todo el país, las mujeres evangélicas votaron como suelen hacerlo,  por el candidato republicano o más exactamente, el candidato anti-aborto.

Es imposible saber si la descripción extrema y médicamente inexacta de Trump de aborto tardío en el tercer y último debate tuvo algún efecto, pero ciertamente fue bien cronometrada. Apenas 11 días después del lanzamiento de la ahora infame cinta, Trump le dijo a una audiencia de aproximadamente 72 millones de televidentes: “En el noveno mes, puedes tomar al bebé y arrancarlo del vientre de la madre justo antes del nacimiento del bebé. Ahora, puedes decir que eso está bien y Hillary puede decir que eso está bien, pero no está bien conmigo”. Continuó sugiriendo que bajo la administración de Clinton, un feto podría ser abortado” en el último día “del embarazo, una afirmación groseramente inexacta, y una que demoniza tanto a los proveedores de aborto como a las mujeres. (En realidad, sólo 1,3 por ciento de todos los abortos en los Estados Unidos se realizan después de 21 semanas, generalmente porque se detectan anomalías fetales graves en el segundo o tercer trimestre – no una vez que el embarazo ha llegado a término).

El artículo indica que mientras que la mayoría de los estadounidenses son pro-elección, el voto contra el aborto sigue siendo poderoso y apasionado. Veintitrés por ciento de los estadounidenses “pro-vida” dicen que sólo votarán por un candidato que comparta sus opiniones; para los votantes a favor de los derechos reproductivos como el aborto, ese número cae al 19 por ciento, según una encuesta Gallup 2015. Entre las cuestiones importantes para todos los votantes registrados este año, el aborto no figuraba entre las diez primeras. Pero para los evangélicos que creen que la vida comienza en la concepción, el aborto no es sólo un problema, es EL problema.

Es la Corte Suprema, por supuesto, quien tendrá la última palabra sobre cualquier cambio en Roe v. Wade, y Trump ya afirmo que nombrará jueces contra el aborto.

Que las mujeres lideren la acusación contra los derechos reproductivos puede ser una realidad difícil para los defensores de estos derechos. Una cosa es que los hombres refuercen las estructuras patriarcales que lastimen a las mujeres, pero otra que la hagan las mismas mujeres y mucho menos en nombre de Dios.

No se puede negar la hipocresía de las mujeres que votan en contra de un procedimiento médico seguro y legal para todas las mujeres (incluyendo aquellas que no comparten su sistema de creencias), cuando en el centro de la campaña de Trump se encontraban mensajes de odio e intolerancia: castigar a las mujeres por abortar, prohibir el ingreso de refugiados sirios (la mayoría de ellos mujeres y niños), crear un registro para los musulmanes en Estados Unidos, construir un muro para impedir la entrada de los mexicanos, Trump se jactó de agredir a las mujeres e incluso se burló de un reportero discapacitado en una manifestación, ¿dónde está la fe ante todas esas injusticias?

Y el problema es que no sólo fueron las mujeres evangélicas, en este video se muestra como un cura católico llamaba a los feligreses a votar por Donald Trump, alegando sólo el tema del aborto, comparando abortar con matar a un inmigrante, lo que resulta irónico ya que Trump está a favor de torturar a los presos por terrorismo.

Para la iglesia católica el “feminismo” actual, contrario a los verdaderos intereses, derechos y naturaleza de la mujer, quiere degradar su papel, convirtiéndola en objeto de explotación económica, valorándola solo como productora o consumidora, como objeto de explotación sexual, minimizando su privilegiada capacidad de dar vida y de inculcar valores. El feminismo “ataca” a la familia, promueve una revolución sexual, y hace que las mujeres desempeñen roles masculinos en el trabajo, con lo que se fuerza el abandono de su misión de centro del hogar y máxima protagonista de la vida afectiva del marido y de los hijos. Además de alertar que normalmente los matrimonios donde la mujer trabaja fuera de casa son menos estables y corren más peligro de ruptura porque la mujer no puede hacer tan excesivos y contradictorios roles sociales: madre, obrero, ama de casa, competidor y amante.

En lo personal, considero que ser feminista y cristiana es imposible, la iglesia promueve una mujer sumisa sin ningún tipo de poder, que llenen las iglesias pero que no las presidan, que no usen anticonceptivos porque su deber es ser madres, y primero muertas que haber pasado por un aborto.  ***Si no concuerdas con este párrafo puedes pasarte por acá y leer por qué la virgen María fue un ícono feminista***

Crecí rodeada de mujeres feministas, mi mamá fue una madre soltera, mis tías favoritas no estaban casadas y tenían álbumes de fotos dedicados a sus viajes, la casa donde viví después que se murió mi mamá la compró una mujer. Cuando era pequeña mientras que mis primas jugaban con muñecas a ser mamás para luego crecer y morirse por bebes y niños pequeños yo jugaba con Barbies y decía que nunca iba a casarme.

Sin embargo, mi feminismo llegó hasta que me casé. Resulté la primera de mis amigas en casarme, cuando encontré el que pensé era mi príncipe de cuentos. Me volví una diva doméstica, un ama de casa, dejé a un lado toda mi ambición por construirlo a él y 4 años después resultó que los cuentos de hadas no existen y los príncipes sólo son azules por raticos. Terminé sola en otro país donde no tenía amigos ni familia, ni trabajo fijo. El divorcio es extremadamente difícil, pasar a pensar en singular se vuelve complicado.

Me tomó un par de años estabilizarme. Reunir para viajar, aprender las cosas que me gustan y lo que quiero para mí y para mi carrera. Lidiar con la percepción de la gente es complicado, algunas personas hacen chistes y me ven como Jennifer López, algunas mujeres se sienten intimidadas cuando hablo de mi matrimonio fallido, quizás por miedo interno a que les pase lo mismo, quizás por lástima, algunos hombres me ven como difícil por ser independiente. Hay personas que piensan que no he superado a mi ex porque puedo mencionarlo, como si fuera la única mujer en el planeta que a veces se acuerda de su pasado. En algún punto empecé a mandar a la gente a la mierda por sus opiniones.

Veo a mis amigas que quieren casarse para que un hombre las mantenga y me da miedo por ellas. Me da miedo que no conozcan su potencial y no lleguen a ser quien pueden ser por esperar a alguien. Veo a mis amigas casadas que dejan las decisiones a sus esposos y se quedan en casa y me da miedo también. Me da miedo que queden como yo.

Dicen que una buena feminista tiene que aceptar que las demás mujeres escojan quedarse en sus casas. Yo soy entonces una mala feminista.  Me gusta inspirar a las mujeres. Me gusta que se levanten, miren adelante y haya más que una familia, que tengan carreras o hobbies y lean porque es cierto el dicho de que la información es poder.

También me gusta arreglarme, pintarme las uñas y secarme el pelo. Este año fui a Machu Picchu con el secador de pelo en la maleta. Quizás a una verdadera feminista no le hubiese importando pero yo tengo el lujo de decir que fui a Perú con dos amigas, a las que a veces dejé botadas para ver los lugares turísticos que quería, así fuese sola.

Es difícil el camino feminista y por eso entiendo por qué a algunas mujeres les cuesta tanto. A veces me pregunto si de verdad lo soy o si todo fue una consecuencia de que me dejaran. Si todo lo que soy es falso. Es más difícil aun cuando las mujeres que te rodean están en otro camino, en el camino en el que estaba con mi ahora ex esposo, es difícil hablar cuando no se tienen muchos temas en común y cuando la maternidad y los hijos son regla. No sé si me volveré a casar  y no quiero tener hijos por presión social.

A veces me cuesta, a veces me siento sola, a veces pienso que la vida sería más fácil gastando sin pagar la tarjeta de crédito y justo en ese momento alguien dice que soy valiente, mis amigas me envían un artículo feminista o tengo una conversación que me inspira y elijo no rendirme. Las mujeres siempre tenemos algo por qué luchar, estamos rodeadas de injusticias y no podemos rendirnos. Tenemos que ser el cambio.

En la actualidad, la mayoría de las campañas feministas se centran en cambiar la manera en que la gente responde y piensa en las mujeres, incluyendo la política y la aceptación del cuerpo, las cuestiones relacionadas con el consentimiento y de igualdad de remuneración que no son obviamente solucionadas solo con un cambio en la ley. Las feministas están menos interesadas en cambiar la ley y más interesadas en cambiar el comportamiento de las personas, y el énfasis de Women Against Feminism en las elecciones personales de las mujeres (“las feministas me juzgan por ser una madre en casa, pero es mi elección”) demuestran que están bien conscientes de este cambio de enfoque.

Pero también demuestran que estar en contra del feminismo es estar en una posición privilegiada, en mi caso fue la facilidad de tener un hombre que se hiciera cargo de mis cuentas aunque estuviese marchitándome por dentro.  A medida que el feminismo interseccional se vuelve más popular se puede esperar que algunas mujeres vean el énfasis en su propio privilegio como un ataque. El decir por ejemplo que todas las mujeres son hermosas, incluso aquellas con kilos de más, puede ser tomado como un ataque por aquellas que lucen como modelos

Es necesario identificar las estructuras cuya intención es mantenernos alineados,  ayudar a hombres y mujeres a cuestionar al sistema, además de promover los beneficios del feminismo, diversas investigaciones han demostrado que una mayor igualdad en realidad resulta beneficiosa para hombres y mujeres por igual, no sólo mejora el desempeño organizacional y la economía nacional, sino que también las parejas que comparten las tareas domésticas tienen más sexo y son más felices en su relación romántica.

Además necesitamos ejemplos femeninos más asequibles. Muchas feministas promueven adoptar comportamientos masculinos como no usar maquillaje sin darse cuenta que se está celebrando ser como un hombre. El tema no debería ser maquillaje sí o no, o vello corporal sí o no, el tema debería ser que quieres tú y a partir de esto llegar a más mujeres, tener conversaciones con tus amigas y no temer decir en público “yo no sé si quiero hijos”. Tenemos que seguir luchando sin descalificar a otras mujeres ni imponerles un punto de vista sino con nuestras actitudes y nuestras conversaciones. El camino no es fácil, vas a encontrar a gente que te va a tildar de diferente, vas a reunirte con mujeres con las que no tendrás nada en común y quizás hasta te saquen de cierto círculos, pero siempre habrá así sea una persona a la que le llega el mensaje y quizás así logres convertir a una antifeminista en una aliada.