“–Es que las mujeres, Floreana –dice Elena mientras caminan hacia el pueblo–, ya no quieren ser madres de sus hombres… y tampoco quieren ser sus hijas.

– ¿Y qué quieren ser?

–Pares. Aspiran a construir relaciones de igualdad que sean compatibles con el afecto.

–No me parece una aspiración descabellada…

–Tampoco a mí. Pero existe una mitad de la humanidad que lo pone en duda.

– ¡Y una mitad más bien poderosa!

–Es raro esto que nos pasa… Hemos crecido, hemos logrado salir hacia el mundo, pero estamos más solas que nunca.

– ¿Por qué?

–Porque se nos ha alejado el amor.

– ¿Lo sientes así, tan rotundo?

–No es que lo sienta; lo sé. Lo veo todos los días. Creo que la desconfianza y la incomprensión entre hombres y mujeres va agigantándose. Los viejos códigos del amor ya no sirven, y los hombres no han dado, o nosotras mismas no hemos dado, con los nuevos…

Elena se vuelve hacia el mar, verifica el persistente tronar de las olas.

–El sueño –continúa– era que, en la medida en que abarcáramos más espacio y tuviéramos más reconocimiento, seriamos más felices. Pero no me da la impresión de que esté siendo así.”

Esta novela de la autora chilena Marcela Serrano, nos lleva a un pequeño pueblo de Chile donde una historiadora joven que sufre un mal de amor va a refugiarse en un albergue donde otras con el mismo destino buscan recuperarse.

Floriana es historiadora y se consigue en el albergue con mujeres diversas en sus formas de ser, orígenes y profesiones, mujeres famosas, de pueblo, jóvenes, mayores, hippies o empresarias coinciden en el albergue –llevado por una psicóloga llamada Elena– para recuperar el cuerpo y la mente de los estragos de un mal amor.

Este libro de 1997 sorprende por la visión tan honesta sobre la relación entre hombres y mujeres, planteando que la dinámica de la búsqueda de la igualdad de género parece generar desencuentros en nuestras relaciones sentimentales con los varones. Los personajes también discuten el costo de las conquistas y prejuicios relacionados al feminismo con una honestidad en la que muchas pueden encontrarse identificadas.

«Si los hombres exploraran más su lado femenino, serían más felices. Ellos sólo tienen un rol, mientras nosotras hemos de combinar lo privado y lo público, los amores y los trabajos. Esa situación nos lleva a un sacrificio a veces agotador, sobre todo cuando encontramos que ellos tienen miedo de nosotras. Resulta curioso que a los varones les resulten más atractivas las mujeres brillantes e independientes, pero al final terminan eligiendo a las señoras pasivas y que no cuestionan la hegemonía masculina«.

Dos personajes ajenos al albergue aportan la perspectiva masculina, el medico del pueblo y su sobrino homosexual, reflejan las diferentes formas en las que la dinámica entre hombres y mujeres se cambia según la intervención del deseo o la rabia que queda cuando se acaba el amor.

Es un libro cuya historia, aunque completa, pasa a un segundo plano ante las diferentes discusiones que contiene y que hacen cuestionarnos nuestra convicción sobre la igualdad por sus costos, aunque el libro tiene casi 20 años los problemas que plantea sufren estas mujeres siguen completamente vigentes, pero reivindica la importancia de la hermandad entre mujeres para sostenernos ante las crisis y da luz sobre la posibilidad de construir una nueva forma de relacionarnos con los hombres, en la búsqueda de amores más completos que no nos hagan sentir soledad a pesar de tener una pareja.

–¿No estaremos enfocando mal el problema? Para mí no se trata de sexo sino de compromiso afectivo. Todo esto de la liberación femenina ha revuelto un poco las relaciones de poder, y la reacción de los hombres ha sido optar por el descompromiso, que es la mejor forma de herirnos.