Un estudio reciente publicado en el diario JAMA de medicina interna, reveló que las doctoras tienden a proveer una atención médica de mayor calidad a sus pacientes, y que si los doctores fueran tan eficientes como las mujeres 32.000 norteamericanos menos morirían cada año.

Los investigadores de la Universidad de Harvard revisaron el historial de visitas al hospital de 1.583.028 pacientes de Medicare (mayores de 65 años o más jóvenes consideradas discapacitadas debido a graves problemas de salud) y concluyeron que en un lapso de 30 días desde su primera visita las tasas de muerte o una nueva hospitalización eran significativamente más bajas cuando el médico que atendía al paciente era mujer.

Aún asignando los médicos de forma aleatoria los pacientes tratados por mujeres tenían un 4% menos de riesgo de muerte o reingreso al hospital en el mes siguiente.

Entre los aspectos que parecen generar esta diferencia se indican estudios que demostraron que las doctoras proveen un mejor cuidado preventivo y asesoría psicosocial, además de ser más disciplinadas en el seguimiento de las directrices de procedimiento clínico. También se destaca que las mujeres en su práctica médica presentan un estilo de comunicación más centrado en el paciente que resulta más alentador y tranquilizador, y que la duración de sus consultas es superior que las de los doctores.

La idea del estudio no es que todos elijan una mujer como su médico, cuestión que además sería imposible ya que solo un tercio de los médicos en EEUU son mujeres, lo que se intenta es determinar en que radican las diferencias en la calidad del cuidado, para que la practica médica permita a los profesionales de la salud atender estas variables con igual dedicación independientemente de su género y así garantizar tasas de mortalidad más bajas para los pacientes.

Sin embargo, el estudio también debería servir para realzar la calidad de las profesionales de la medicina que aún cuando proveen una mejor atención según este estudio, en la actualidad ganan en promedio un 8% menos que sus colegas varones y son discriminadas en su formación al recibir menos financiamientos para investigación, teniendo la mitad de las posibilidades ascender al rango de profesor que sus pares masculinos.