En el Harvard Business Review se publicó el resultado de un interesante estudio realizado por  Victoria Brescoll, psicólogo social de la Escuela de Administración de Yale que estudia los estereotipos de género. Se midió cómo la gente califica los errores de mujeres en posiciones de liderazgo ocupadas tradicionalmente por hombres.

En el estudio se planteó a los participantes un caso hipotético donde un jefe de la policía en una gran ciudad se preparaba para una gran protesta, en el transcurso la misma se tornaba violenta así que se enviaban patrullas para contenerla. En una versión el jefe no enviaba suficientes oficiales y patrullas, y el resultado eran 25 personas heridas.

Este error, le costaba al jefe de policía hombre una calificación de 10% menos efectivo, pero a la jefa de policía mujer el mismo error con los mismos resultados le significaba ser calificada como 30% menos efectiva. Los participantes también querían quitarle su cargo, cosa que no sugirieron en el caso del hombre. El mismo error le costaba más a la mujer.

En otra versión del caso, la protesta se contenía de forma exitosa y ambos jefes se calificaban de forma positiva. Es decir, la mujer no es considerada incapaz desde un principio sino solo cuando se percibía que había tenido un fracaso.

En el estudio se estudiaron otros trabajos realizados tradicionalmente por hombres en los que ocupan una posición de poder –como director ejecutivo en una empresa de ingeniería y como juez presidente de un tribunal superior–, y el patrón persiste: una decisión que genera un mal resultado se juzga con mayor severidad para las mujeres que para los hombres.

También se intentó estudiar el caso contrario para saber si los hombres eran juzgados más duramente que las mujeres en cargos de alto nivel tradicionalmente ejercidos por mujeres. Y sí lo fueron, pero para el estudio solo se consiguió un cargo que encajaba esa descripción, el de rectora en una universidad de mujeres.

En conclusión, es más aceptable un error si el líder tiene el género tradicional que se asocia al cargo, lo que representa un problema cuando la mayoría de los sectores como política, economía, derecho, deportes y muchas otras ocupaciones son dominadas mayoritariamente por hombres. También, se implica que el costo tan elevado de cometer errores para las mujeres en posiciones de poder, genera que se les considere perfeccionistas o microgerentes por tratar de mantener el control sobre todo lo posible para reducir el margen de error. Hasta que las mujeres no seamos asociadas a roles de liderazgos en diversas áreas, los errores nos seguirán costando más.