En Reuters – The wider image, conseguimos este mes un artículo muy importante sobre la situación de los derechos reproductivos de las mujeres en Venezuela. Ante la profunda crisis que atraviesa el país, que impide a los ciudadanos el acceso a bienes básicos como alimentos y medicinas, las mujeres se ven gravemente afectadas pues entre las medicinas más escasas están los métodos anticonceptivos.

Las pastillas anticonceptivas, por ejemplo, desaparecieron de las farmacias del país, pero pueden encontrarse en el mercado negro por hasta diez veces su precio normal. Por otro lado, los pañales desechables, fórmulas infantiles y la leche completa están entre los alimentos de mayor escasez y generan largas colas de 12 horas o más para adquirirlos.

“La OMS informa que la tasa de mortalidad neonatal en Venezuela es de 8.9 por cada 1000 nacimientos de niños vivos el años pasado, por encima del promedio de la región de América que es 7.7. En cuanto a la tasa de mortalidad materna, en Venezuela alcanza la cifra de 95 por cada 100.000 nacimientos y es de las más altas de Latinoamérica.” Reuters

Este panorama está obligando a la mujer venezolana a tomar la decisión de someterse al procedimiento quirúrgico de esterilización para evitar embarazos no deseados ante la dificultad que sufre para alimentar a su familia. Como siempre, esta situación afecta especialmente a las mujeres de menores ingresos. En un país con la mayor tasa de embarazos adolescentes de Latinoamérica (la tasa de embarazos adolescentes en el año 2001 era de 89.4 por mil mujeres entre los 15 y 19 años de edad, para el 2014 aumentó a 93.1), en el que a los 30 años fácilmente puedes tener ya dos hijos, las mujeres frente a la escasez a la que están sometidas, la hiperinflación e inseguridad, ya no pueden repetir el popular dicho venezolano “donde comen dos comen tres”. Hasta la generosidad se ve limitada porque en el supermercado solo venden dos paquetes de arroz por persona. Así, la perspectiva de traer un niño al mundo significa en muchos casos someterlo a condiciones inhumanas de hambre y pobreza.

Optar por una esterilización quirúrgica es una decisión difícil para mujeres que son responsables de cuidar hijos, trabajar y que ahora tienen la carga adicional de hacer largas colas para conseguir comida. Estos procedimientos implican someterse a una anestesia general, reposo para la recuperación, y en la mayoría de los casos deben ser realizados en jornadas gratuitas de municipios o gobernaciones, ya que su costo en clínicas privadas es inaccesible para gran parte de la población. Aún con lo que esto representa, se cita a un representante de la iglesia catalogando como una “barbarie” el aumento de esterilizaciones, sin que exista ningún referente sobre la opción de la vasectomía de los hombres como un método para que las parejas eviten embarazos no deseados, a pesar de que es un procedimiento menos costoso e invasivo, y con menor tiempo de recuperación. Pero, históricamente, así como se dice que los hijos son de las madres, no embarazarse también parece ser tarea exclusiva de la mujer.

El artículo nos relata cómo estas mujeres toman la decisión de la esterilización con miedo pero por el bien de sus otros hijos. Encargados oficiales de los programas de salud que ofrecen estos procedimientos manifiestan que jornadas que tenían 40 cupos de operaciones gratuitas ahora presentan listas de espera de hasta 500 mujeres.  Este reportaje es significativo ya que nos muestra la realidad de los derechos reproductivos de las mujeres venezolanas, en un país donde la opacidad de datos y estadísticas oficiales parece ser la regla.