Violeta conoció al psicólogo tres días después de hacer match. El primer mensaje que le envió el psicólogo decía que si estaba interesada le escribiera un mensaje de texto a su teléfono, así cuadraron conocerse de una vez sin mucha previa. Violeta estaba un poco nerviosa cuando llegó a la cita, hasta que lo vio. El psicólogo tenía casi dos metros de altura y Violeta medía un metro sesenta, si bien ella se estaba acostumbrando a los chicos altos esto era demasiado. 

Lo bueno de que no te guste tanto alguien en la primera cita es que te sientes libre para hacer y decir lo que quieres porque no tienes miedo de que te juzguen, aparte de eso, él, como buen psicólogo, no solo hacía las preguntas correctas sino que la leía como si fuese un estuche transparente, así la ida por un café se extendió a unos tragos. Violeta poco a poco empezó a notar que el psicólogo tenía los ojos más celestes que había visto en su vida y empezó a pensar que la diferencia de altura no era tanto cuando estaban sentados.

Cuando terminaron la cita Violeta quería que la noche no terminara a pesar de estar cansada y tener que trabajar al día siguiente y se sorprendió cuando se besaron antes de despedirse, o mejor dicho, se sorprendió al darse cuenta como su cuerpo comenzó a temblar con ese beso. Violeta no lo sabía todavía pero con el psicólogo Violeta iba a darse cuenta lo que quería y lo que no, en una relación.