La próxima cita de Violeta con el Psicólogo fue en un bar. Como siempre, entre una cita y otra no hablaron absolutamente nada y a decir verdad, Violeta no sabía como sentirse al respecto. Por una parte, el Psicólogo le estaba gustando más de la cuenta, por otra estaba un noventa por ciento segura de que él estaba saliendo con otras mujeres, por lo que cada cita se sentía como un episodio de ‘The Bachelor’, una donde tendría que esperar una semana para conocer si recibiría una rosa roja que la dejaría en el juego.

Cada vez que lo veía sin embargo, no solo la pasaba bien sino que aprendía cosas de si misma, como cual era su tipo de personalidad o que carrera debería ejercer, por lo que el tiempo con él se pasaba en un abrir y cerrar de ojos. Después del bar fueron a casa de él donde los besos en el sofá se convirtieron en besos en la cama, y ella le empezó a agarrar el gusto a estar con un hombre que puede cargarte como si fueses una pluma. 

Después de acabar los dos, porque Violeta ahora se aseguraba de tener también orgasmos y no le daba pena exigirlos, ella se vistió y se fue, pensando que había sido solo sexo, sin ningún tipo de intimidad, mientras se convencía de que daba igual porque al día siguiente tenía que levantarse temprano.