El Psicólogo fue el primer hombre que Violeta llevó a su casa, así su cama, que hasta ahora había sentido solo los movimientos de una sola persona, tuvo que acomodar por un tiempo los movimientos de dos. El Psicólogo se tomaba todo con calma, incluso saborear cada centímetro del cuerpo de Violeta, los dos juntos parecían dos piezas de rompecabezas que engañaban a la vista al encajar perfectamente, pero eso había sido solo sexo.

Cuando terminaron el psicólogo se vistió de una vez, se metió el condon usado en el bolsillo y se fue. Violeta había escuchado muchas historias acerca de los hombres canadienses pero esto era de otra liga, en ese país los hombres llegaban extremos de desconfianza que se llevaban condones usados.

Violeta miró a su gato y recordó cómo este se le había acercado afectuosamente al Psicólogo y pensó que quizás eso no había sido tan extraño y que estaba en una cultura completamente diferente a la suya. Aunque por otro lado se preguntaba cómo se comienza una relación con tanta desconfianza