Había pasado una semana desde la última vez que Violeta y el Ambientalista habían hablado cuando Violeta hizo match con el Contador. Si hubiese sido honesta Violeta se hubiese tomado un tiempo sin ir a citas, pero pensando en que “un clavo saca otro clavo”, Violeta no iba a quedarse en su casa llorando por nadie, especialmente alguien que no tenía conociendo ni un mes. La cita con el Contador era completamente diferente a las anteriores, iban a verse en un bar para tomarse unos tragos y luego ver un show de música. Las expectativas eran altas pero la verdad es que Violeta estaba pensando más en lo que estaba haciendo el ambientalista que en lo que decía su cita actual.

En papel el Contador era todo lo que deseaba Violeta, alto, guapo, con un buen trabajo, etc, etc, pero la vida no es un currículum vitae y uno no hace química por medio de papeles, así que el Contador no era tan perfecto, o por lo menos no para ella, como más se puede explicar que te moleste que alguien se ría excesivamente de tus chistes y que te de fastidio que se te quede viendo como si fueses la última Coca Cola del desierto.

El show era de Amy Shark y cuando cantó “Adore” a Violeta le dieron ganas de llorar porque ella también vivió lo que dice la canción, hacerse ilusiones con alguien que te dio nada, quizás por romanticismo, quizás por creer que alguien siente exactamente lo mismo que tú aunque no sea cierto, quizás por rellenar el vacío que sentía los Domingos cuando no tenía a nadie con quien ver Netflix. Violeta regresó a su casa sabiendo que no iba a volver a ver al Contador y que por ahora iba a ver Netflix los Domingos con su gato.