Violeta no supo nada del CEO por cinco días, hasta que de repente le escribió que regresaba esa noche y quería verla, invitándola a quedarse esa noche en su casa. Ese día era Martes y Violeta tenía que trabajar al día siguiente por lo que se fue a casa del CEO con ropa del trabajo y una pijama de encaje en un bolso. 

Cuando Violeta llegó el CEO acababa de salir de la ducha y no pudo evitar contenerse al verlo, así se besaron mientras él le quitaba la ropa lentamente besándole todo el cuerpo. Hay hombres que te hacen dudan todo lo que vales, el CEO era uno de esos, Violeta solo podía pensar qué era lo que veía de ella, tratando de exagerar cada movimiento para complacerlo.

Al terminar Violeta, quien no tenía nada de sueño, quería dejarlo dormir e irse a trabajar en la sala, pero el pidió que se quedara en la cama con él preguntándole ‘¿acaso suena tan terrible?’, ella, que no estaba acostumbrada a la intimidad, dejó convencerse sin saber que luego iba a arrepentirse.

Al día siguiente Violeta se despertó primero y empezó a despertar al CEO con besos, pero a la mitad el le dijo que nunca funcionaba en las mañanas y ella se fue sin que él lograra una erección. Violeta esperó que el CEO no fuera de esos hombres que dejan que las inseguridades le ganen y se fue al trabajo deseando que él se hubiese levantado con ella para por lo menos haber tomado café.