La tercera cita de Violeta con el Bello fue en otro bar y esta vez, quizás por el alcohol, quizás porque ya había entrado en confianza, el Bello comenzó a abrirse, así ella descubrió que el Bello tenía casa propia porque una vez estuvo a punto de casarse, ella le quería contar acerca de su divorcio pero se contuvo. Violeta debió tirar la toalla en ese momento, pero la soledad es algo que pega, y fue justo por pasar tantas noches sola que prefirió seguir viéndose con alguien con quien no veía futuro pero estaba presente.

Al terminar el trago Violeta se fue a casa del Bello, donde comenzó realmente la decepción. El Bello era de esos hombres que pensaba que el sexo era sacar y meter el pene rítmicamente sin mayor gracia y al rato le preguntó a Violeta si podía quitarse el condón para poder acabar porque se había masturbado antes de la cita. Violeta le dijo rotundamente que no y que lo dejaran así porque no pudo evitar pensar que si él hacía eso a menudo lo más probable es que tuviese una enfermedad de transmisión sexual.

La cereza en el pastel fue cuando el Bello le preguntó a Violeta si había acabado. Si un hombre no sabe cuando una mujer tiene un orgasmo estando dentro de ella es porque nunca ha visto o sentido a una mujer tener uno. As fue como Violeta se fue del apartamento sin mirar atrás, porque mejor sola que acompaña con mal sexo.