Para sorpresa de Violeta el Australiano le escribió al día siguiente para verse el sábado, la cita esta vez era en un café de juegos de mesa, Violeta no estaba segura de qué pensar pero trató de mantener la mente abierta, sobre todo porque eso significaba no beber en la cita, no sabía como era posible sentirse culpable por sentirse culpable pero justo eso sentía cuando pensaba que no debía beber, el Argentino seguía con su vida con total normalidad mientras ella se alegraba de no ir a citas que incluyeran alcohol y se aseguraba de comer bien antes de salir por si acaso.

Violeta y el Australiano estuvieron una hora en el café jugando un juego de trivia que él terminó ganando y por una noche Violeta se sintió esperanzada en cuanto al futuro, al darse cuenta que el Australiano no solo era guapo y con sentido del humor sino que además era inteligente. Al terminar el juego el Australiano la invitó a cenar y fueron a un restaurante que quedaba cerca, donde Violeta se enteró que el Australiano había estado comprometido para casarse pero que su ex decidió regresarse a Australia justo en el mismo mes que Violeta y Alberto habían terminado. La noche estaba estrellada y llena de coincidencias. El Australiano se despidió de Violeta con otro abrazo pero la llamó al día siguiente para volverse a ver. La invitó a ver una película en su casa.

Violeta pasó media hora pensando si estaba lista o no para dar ese paso y finalmente decidió ir no, sin antes pasarle la dirección del Australiano a su mejor amiga y decirle que estuviese pendiente del teléfono por si acaso. Cuando Violeta llegó el Australiano puso una película que no terminaron de ver porque a la mitad estaban besándose. Violeta se dio cuenta de cuánto había extrañado los besos con el corazón latiendo fuerte pero la vida no es una novela porno erótica, ya que no llegaron a más nada porque cuando iban a comenzar el Australiano perdió la erección. En cualquier otra oportunidad Violeta lo hubiese reconfortado diciéndole que era normal y que a todo el mundo le pasaba, pero la verdad es que estaba cansada y solo quería irse a su casa, así que se vistió y se fue. Violeta no supo más nada del Australiano. “Masculinidad tóxica” pensó, no sin antes escribirle a Manuela que no entendía por qué los hombres se desaparecían después de eso porque así lo que conseguían era asegurarse la fama de mala cama y decirle que esta vez iban a cambiar el café semanal por unos tragos.