Violeta se despertó desorientada sin saber donde estaba, ¿por qué será que los techos siempre se pintan de blanco? Las paredes del cuarto del Argentino eran verdes con algunos posters de un equipo de fútbol y mientras Violeta trataba de entender todo el Argentino la estaba penetrando. La ropa, esa que aquella elegido con cuidado, se la había quitado sin que ella lo notara, el jean se encontraba en el piso, pensó que si contaba esto seguro le iban a preguntar qué ropa cargaba puesta y al decir lo que tenía le hubiesen respondido que igual era su culpa por tomar tanto alcohol.

“¿Por qué siempre es culpa de las mujeres? ¿Por qué si alguien quiere usar tu cuerpo para su placer sin considerar el tuyo la culpa es de la mujer y no del hombre?” pensaría luego, en ese momento solo quería gritar que parara pero no podía hablar, no podía decir nada, no podía moverse, luego se enteraría que esto se llama “inmovilidad tónica”, un estado natural de parálisis en respuesta a una situación de miedo extremo, pero seguro por eso también le echarían la culpa, “¿por qué no dijiste nada?”, “¿por qué no peleaste?”, “¿por qué no dijiste ‘no’?”.  Es muy fácil echarle la culpa a la víctima sin pensar en lo que le quitaron a ella, cuando alguien usa tu cuerpo no sólo te quita la dignidad, te quita una parte de ti sin pedir permiso, porque al fin y al cabo tú no le importas, eres como un salero que se usa sin pensar cuando necesitan sal. Un objeto sin valor.

Cuando por fin se pudo mover Violeta se vistió y salió apresurada, quería llegar a su casa, quería olvidar todo como si hubiese sido un mal sueño, así que lo primero que hizo al llegar fue darse un baño para quitarse su olor, para lavar los rastros de sus manos sobre su cuerpo y sentirse como una persona en vez de un objeto otra vez. En la bañera Violeta recordó el cuento que le contaban de pequeña acerca de una princesa dormida que despertaba con el beso de un príncipe, “desde pequeña pareciera que los instruyen para usarnos, sin importar si estamos dormidas o despiertas y lo peor es que lo vemos como algo romántico” pensó, ahora ella era otra “Bella Durmiente”, pero el príncipe era en verdad un sapo, y el final no había sido nada feliz.