Violeta seguía en casa del Ambientalista cuando sus amigos lo llamaron para invitarlo a salir, así que se vistieron de nuevo y salieron con ellos, Violeta secretamente se moría por conocer más acerca de la vida del Ambientalista y ver cómo actuaba con ella al lado. Uno de los amigos del Ambientalista los fueron a buscar para ir a un bar y el Ambientalista pasó la noche agarrándole la mano y tocándole la pierna, los amigos sin embargo, no le prestaron mucha atención que digamos, cosa que Violeta debió verlo como una señal pero ella estaba muy ocupada volando sobre una nube de algodón de azúcar.

Cuando regresaron a casa del ambientalista Violeta no estaba segura si quedarse o irse, estaba casi segura que su carro iba a estar atascado en la nieve y era más de media noche así que el Ambientalista le dijo que se quedara y cuando amaneciera le echaban un vistazo al carro. Los dos se quedaron dormidos abrazados y a la mañana siguiente cuando Violeta se tapó la cara porque estaba segura que se le había corrido el maquillaje, el Ambientalista la miró a los ojos y le dijo que se veía perfecta, para luego mirarla extraña cuando Violeta le dijo que iba a quedarse con la camisa que le prestó para dormir para asegurarse de que se volvieran a ver. A veces para saber lo que dice en verdad un hombre hay que tomar en cuenta sus gestos en vez de sus palabras.

Violeta pasó 5 minutos tratando de desatascar su carro cuando llamó al ambientalista, ¿Alguna vez han visto a un hombre quitar nieve en plena calle? Es una de las cosas más sexys del mundo. Violeta se sentía dentro de un cuento de Disney donde la princesa es rescatada por un príncipe y cuando llegó a su casa vio que el Ambientalista le había escrito un mensaje que decía que le había encantado verla y que esperaba que todo estuviese bien con su carro. Pobre Violeta, todavía no entendía que los príncipes azules no existen.