Habían pasado cuatros días desde que Violeta había visto al Abogado y él todavía no le había escrito, inocentemente no pensó nada malo porque ya le había advertido que iba a estar ocupado con un par de casos y la cita había ido bien, o por lo menos eso creía, alguna vez les ha pasado que salen de un sitio y piensan que todo es color de rosa y con el paso del tiempo empiezan a ver sombras donde antes no las había, eso fue exactamente lo que le pasó a Violeta. Luego de dos días sobre analizando cada movimiento que hizo en la cita decidió escribirle y el abogado le respondió que había estado ocupado. Violeta debió dejarlo así y borrar su número pero ella seguía siendo esa mujer que se ilusionaba rápido y el Abogado gastó aproximadamente cien dólares en esa cena, “uno no gasta esa cantidad de dinero en otra persona para luego desaparecer” pensó, así que volvió a escribirle, pero esta vez sería un mensaje más directo: “Hola, me encantaría volverte a ver, avísame si estas disponible este fin de semana”. El Abogado no respondió. A veces la gente responde sin responder.

Violeta no entendió absolutamente nada de los que había pasado con el Abogado. Fácilmente se la pudo haber llevado a la cama, ilusionarla más y dejar de responderle, cada vez que sonaba su teléfono pensaba que podía ser él diciéndole que había caído en coma y había perdido la memoria, hasta que un par de meses después lo comprendió. El Abogado era uno de los pocos chicos buenos que quedaban, de esos que sabían que podían aprovecharse de ti e ilusionarte pero no lo hacían y secretamente eso hizo que le gustara aún más, aunque no fuese a volverlo a ver.