Violeta no supo nada del Abogado hasta el próximo jueves cuando le dijo para verse el Domingo otra vez para cenar, una semana después el Abogado seguía igual de guapo e igual de interesante. Hablaron de sus trabajos y de cómo eligieron esa ciudad para vivir, el Abogado pidió una botella de vino para ambos y Violeta no pudo evitar pensar que la noche prometía. El restaurante era de platos para compartir y la comida era deliciosa, Violeta trataba de no pensar en las calorías pero por dentro agradecía que no había comido nada desde el desayuno. Sin importar que bien la pases hay fantasmas que siempre te persiguen.

Al terminar de cenar la mesonera les preguntó si querían postre y cuando el Abogado la miró mientras le preguntaba “¿Queremos postre Violeta?”, ella no pudo evitar sentirse como Drew Barrymore en cualquiera de sus comedias románticas. Al salir del restaurante el Abogado y Violeta se besaron apasionadamente para luego irse cada uno por su cuenta. Violeta una vez leyó que ella pertenecía a la cúspide Géminis-Cáncer y que quizás por eso se ilusionaba rápido y saltaba de una relación a otra, Violeta no sabía mucho de astrología pero se ilusionaba como si fuese una niña de cinco años en una juguetería, un segundo el amor de su vida era el Ambientalista y de repente llegó el Abogado. Menos mal que si bien las ilusiones duraban poco, las desilusiones no duraban tampoco mucho que digamos.