Jinwar es una comunidad integrada exclusivamente por mujeres, situada cerca de Qamishli, en el noreste de Siria, que fue impulsada por las mujeres de la administración local, para crear un espacio en el que las mujeres puedan vivir «sin las limitaciones que imponen las estructuras de poder opresivas del patriarcado y del capitalismo». La comuna abrió sus puertas en noviembre y en estos momentos 12 de sus 30 casas de ladrillos de adobe se han convertido en el hogar de mujeres kurdas, yazidíes y árabes. Las mujeres construyen las casas, hacen el pan y cuidan de las tierras y del ganado. Cocinan y comen juntas.

Jinwar es el resultado de la ideología democrática que propició el nacimiento de Rojava, un miniestado situado en el noreste de Siria y dirigido por los kurdos desde que estalló la guerra civil en 2011. La zona ha conseguido prosperar a pesar de la cercanía de fuerzas hostiles, como el ejército sirio, ISIS y Turquía, que considera que los combatientes kurdos son una organización terrorista.

La revolución de las mujeres, así es como lo llaman, es una parte importante de la filosofía de Rojava. Indignadas por las atrocidades cometidas por ISIS, las mujeres kurdas formaron sus propias unidades de combate. Más tarde, las reclutas árabes y yazidíes se unieron a ellas en el frente para liberar a sus hermanas.

Algunas de las mujeres que ahora están en Jinwar han huido de matrimonios pactados y del abuso doméstico. La población de Jinwar sin embargo, está preocupada por su futuro, no está claro qué sucederá cuando las tropas estadounidenses abandonen la zona dentro de unos meses y existe la posibilidad de que se reanuden los enfrentamientos.