The New York Times y el Semanario Universidad publicaron el testimonio de Alexandra Arce von Herold, una psiquiatra y activista en contra de las armas nucleares que presentó una denuncia penal formal en la que dice que hace cuatro años, Oscar Arias le tocó los senos, le metió la mano por debajo de la falda y la penetró con los dedos. 

Los fiscales iniciaron una investigación después de que Arce, de 34 años, emitiera una declaración formal diciendo que Arias la atacó sexualmente en la oficina de la casa del exmandatario. Ella salió del país para evitar el escándalo mientras que Arias negó “categóricamente” las acusaciones de abuso y dijo que nunca faltó el respeto a la voluntad de ninguna mujer.

“En mi vida pública he impulsado la igualdad de género, pues considero que es un medio indispensable para lograr una sociedad más justa y equitativa para todas las personas”, dijo Arias en un comunicado. Su abogado, Érick Ramos, dijo que las nuevas acusaciones no formaban parte del caso judicial abierto esta semana, por lo que Arias y su equipo legal no tienen comentarios al respecto.

Después de esto, dos experiodistas y una editora han formulado graves acusaciones contra el exmandatario. Eleonora Antillón leyó el artículo en las redes sociales y escribió: “Por mi experiencia personal con él. ¡le creo a ella!”. Antillón es una periodista y expresentadora de un programa de entrevistas, y declaró que Arias la agredió sexualmente en 1986, cuando era candidato presidencial y ella era una joven asesora de prensa.

Antillón contó que Arias la reclutó  para trabajar como asistente de prensa en su campaña presidencial cuando ella trabajaba en televisión. En una de sus primeras reuniones, él le puso las manos en la pierna, dijo. En otra ocasión, él le puso la mano sobre su pene erecto. La periodista afirma que se resistió y Arias la empujó contra un armario y la besó. Aunque cerró la boca con fuerza, el expresidente le lamió la cara. Antillón dijo que el episodio terminó cuando unas personas comenzaron a tocar la puerta de la oficina, aparentemente en respuesta al alboroto. “En ningún momento grité”, dijo. “No pedí ayuda”. Ella no le contó a nadie del ataque. Antillón cumplió su contrato de tres meses en la campaña y volvió a su trabajo habitual pero empezó a vestirse con sencillez para no llamar la atención y prefería la compañía de mujeres. Cuando Arias regresó a la vida pública hace una década, la comunicadora no quiso enfrentarlo y se retiró al campo.

Por su parte, Emma Daly, de 53 años, directora de comunicaciones de Human Rights Watch, era una reportera de 25 años en Reuters y The Tico Times cuando se reunió con Arias en un evento lleno de gente en el Hotel InterContinental en Managua. “Le hice una pregunta, y en vez de responder, él literalmente puso sus manos sobre mi pecho, entre mis senos y dijo: ‘¡No llevas sujetador!’”, cuenta Daly. “Estaba tan aturdida que todo lo que pude pensar era en decir: ‘¡Sí, lo tengo!’”. Aunque les contó a su novio y a otras personas lo que sucedió dijo que nunca se le ocurrió presentar una queja contra un presidente en funciones.

Por último, Marta Araya Marroni, editora de libros de 53 años, dijo que se reunió varias veces con Arias porque trabajó en su colección de ensayos y discursos de 2012 titulada Con velas, timón y brújula. En una reunión, de repente le puso una mano sobre la pierna. Ella lo rechazó, diciéndole que él tenía una novia y que eso era inapropiado. Ella cuenta que él la llamó dos veces e insistió en que fuera a su casa para un masaje. Araya dijo que finalmente le colgó. “Nunca lo mantuve en secreto. Le dije a todo mundo”, dijo Araya. “La única razón por la que tendría que publicar esto es para que la gente les crea a las mujeres que presentan denuncias. Me disgusta mucho que la gente siempre piense que son mentiras”.